Los maestros de Jerusalén


1Por entonces unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: 2"¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores? Pues, cuando comen pan, no se lavan las manos". 3Él les respondió: "¿Y por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?. 4Porque Dios dijo: "Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, que sea castigado con la muerte". 5Vosotros, en cambio, decís que si alguien le dice a su padre o a su madre: "Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí",ése ya no tiene obligación de honrar a su padre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición. 7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: 
         8Este pueblo me honra con los labios,
         pero su corazón está muy lejos de mí.
         9inútilmente me dan culto,
         mientras enseñan doctrinas
         que son preceptos humanos". (Mateo 15, 1-9).

15, 1   Fariseos y escribas

Los escribas vinieron de Jerusalén. Fue precisamente entonces cuando se le acercaron los fariseos y los escribas venidos de Jerusalén, no admirados por el poder de Jesús, que había curado a cuantos había tocado la orla de su manto, sino con la intención de denunciar al Maestro, no ya por la transgresión de un mandamiento de Dios, sino de una tradición de los antiguos judíos. Parece que la acusación de esta clase de gente que ama la sutileza demuestra que los discípulos de Jesús eran respetuosos con la ley de Dios, puesto que no dieron a los escribas y fariseos motivo de reproche con relación a la transgresión de los manadamientos de Dios. En efecto, no habrían reprochado a los discípulos de Jesús por transgredir el mandato de los ancianos, si hubiesen podido acusarlos y demostrar que los discípulos transgredían, en cambio, un mandato de Dios. Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 11, 8.

15, 2   La tradición de nuestros mayores

¿Por qué transgreden la tradición? Pero mirad cómo por su misma pregunta quedan atrapados. Porque no le dicen al Señor: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la ley de Moisés?", sino: "¿Por qué quebrantan la tradición de los ancianos?". De donde resulta que los sacerdotes habían innovado muchas cosas a pesar de que Moisés las había mandado con gran temor y fuertes amenazas, que nada se añadiera ni quitara de la ley: "No añadiréis a la palabra que yo os mando ni quitaréis de ella". Mas no por eso dejaron de introducir innovaciones, como esa de no comer sin lavarse las manos, lavar el vaso y los utensilios de bronce y darse ellos abluciones. Justamente cuando debían, avanzado ya el tiempo, librarse de tales observancias, entonces, fue cuando más estrechamente se ataron con ellas, sin duda por temor de que se les quitara el poder que ejercían sobre el pueblo, y también para infundir a éste más respeto, al presentarse también ellos como legisladores. Ahora bien, la cosa llegó a tal punto de iniquidad, que se guardaban los mandamientos de los escribas y fariseos y se consultaban los de Dios; y era tanto su poder, que ya nadie los acusaba de ello. Su culpa, pues, era doble: primero, el innovar; y segundo, defender con tanto ahínco sus innovaciones, sin hacer caso alguno de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 1.

15, 3-4   El mandamiento de Dios

¿Por qué desobedecéis los mandatos de Dios? Volvamos al texto citado más arriba donde el Salvador resume en dos todos los mandamientos de la Ley; uno lo entresaca del Decálogo transmitido en el libro del Éxodo y el otro lo extrae del Levítico o de otros pasajes de algunos de los libros del Pentateuco. Ya hemos explicado cómo los fariseos anularon la palabra de Dios que dice: "Honra a tu padre y a tu madre". Ellos decían: "No debe honrar al padre o a la madre quien haya dicho a su padre o a su madre: Lo que hubieras podido recibir de mí lo he prometido como ofrenda a Dios". Y así, alguno podría preguntar por qué no es inútil lo que viene a continuación: "El que maldiga a su padre o a su madre sea castigado con la muerte". En efecto, admitamos que no honra a su padre o a su madre quien dedica los dones que deberían servir para honrarlos a lo que se denomina **"corban"; pero entonces, la tradición de los fariseos ¿abroga también la frase que dice: "El que maldiga a su padre o a su madre que sea castigado con la muerte"? La respuesta podría consistir en que, quien dice a su padre o a su madre: "Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí", infligiría una especie de ultraje a su padre o a su madre, tratándoles de sacrílegos, ya que éstos se adueñarían de la dádiva destinada al "corban" por parte de los hijos. Por esta razón, los judíos condenan, como hijos que maldicen a su padre o a su madre, a los que les dicen: "Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí", como manda la ley. Pero vosotros [fariseos], mediante una sola ley de vuestras tradiciones, abrogáis dos mandamientos de Dios. Y tampoco os avergonzáis al acusar a mis discípulos, que no anulan ningún mandato. En efecto, "ellos caminan intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor". Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 11, 10.

15, 5-6   Habéis anulado la palabra de Dios

Fines errados. Los escribas estaban muy preocupados por algunas cosas, mientras que el Señor les enseñaba a tener cuidado de todo lo que se relaciona con las necesidades del cuerpo siempre y cuando pusiesen el máximo empeño en la virtud. Cuando los afriseos vieron que sus discípulos no ponían interés en lavarse, le reprochaban, porque no se cuidaban de tal materia: en verdad, nadie podría decir que tenían un cuidado especial en comer sin haberse antes lavado. ¿Qué responde el Señor a esto? "¿Por qué también vosotros transgredís el mandato de Dios por causa de vuestra tradición?". Les expone también en este punto una acusación más grave, no sólo por el hecho de que ellos han roto el mandato de Dios, sino también porque lo han utilizado de esa forma. Dios mandó que los padres fueran honrados por los hijos y que el honor les fuera debido de tal forma, que manda castigar con la pena de muerte al hijo que ofende a los padres, aunque sólo sea de palabra. Vosotros, en cambio, decís que honrar o no a los padres pertenece a los hijos, y decís que no hará ofensa a sus padres cuando el hijo dice: lo que podrías recibir de mí, esto lo ofrezco como don y como gracia: "no se te debe ningún honor cuando no tengo voluntad de hacerlo". De esta forma, con vuestras tradiciones peculiares deshonráis los dones de Dios excelso. Teodoro de Mopsuestia, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 79.

15, 7-8   Su corazón está muy lejos de mí

Sus corazones están muy lejos de mí. He partido del texto citado en el Evangelio, añadiendo una líneas de lo que precede y otras de lo que viene a continuación, para mostrar cómo el Logos amenaza con "cerrar los ojos" de aquellos del pueblo que "son estúpidos y tienen la cabeza embotada y con un espíritu sopor", y amenaza también con cerrar los ojos de sus profetas y príncipes, pues pretenden ver las cosas ocultas.
   Me parece que estas amenazas se han cumplido, una vez que ha aparecido el Salvador en medio de ese pueblo, pues por ellos se han realizado todas las palabras de la Escritura entera, y en particular las de Isaías, "como palabras de un libro sellado". "Libro sellado" quiere decir como si se encontrara cerrado por la oscuridad y no estuviera abierto con claridad. El libro está totalmente oscuro para ellos, porque son incapaces de leer, pues no conocen sus letras e ignoran el sentido de lo que allí está escrito.
   Así pues, con razón añade que el pueblo, embrutecido por los pecados y lleno de estupidez, se irrita contra Jesús, y se comporta como un ebrio contra Él, "con el espíritu de sopor" que el Señor les ha infundido, cerrando sus ojos, porque son indignos de ver, y cerrando también los ojos de sus profetas y de sus príncipes, pues pretenden ver las realidades escondidas entre los misterios contenidos en las Sagradas Escrituras. Ahora bien, cuando sus ojos sean cerrados, entonces serán selladas y encerradas también las palabras de los profetas. Y esto es lo que ha sucedido al pueblo de aquellos que no creen que Jesús es Cristo. Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 11, 11.

15, 9   Preceptos humanos

Me honran en vano. ¡Mirad con qué precisión conviene la profecía con las palabras del Señor y cómo de antiguo anuncia la maldad de escribas y fariseos! Porque de lo mismo que ahora los acusa Cristo, es decir, de que menospreciaban los preceptos de Dios, los había ya acusado Isaías: "En vano -dice- me dan culto". De sus preceptos, en cambio, tienen mucha cuenta: "Enseñando enseñanzas, mandatos de hombres". Luego con razón no las guardan los discípulos del Señor. Ya, pues, que el Señor ha asestado a escribas y fariseos ese golpe mortal, acusándolos cada vez con más fuerza por las divinas Letras, por su propia sentencia y por el testimonio del profeta, ya en adelante no habla con ellos, por tenerlos por incurables y dirige, en cambio, su razonamiento a las muchedumbres, a fin de introducir una doctrina sublime, doctrina grande y llena de la más alta filosofía. Tomando pie de aquella cuestión minúscula, el Señor trata de otra más importante, y deroga la observancia de los alimentos. Pero mirad cuándo: cuando ya había limpiado a un leproso y suprimido el sábado y se había mostrado rey de la tierra y del mar; cuando había dado mil pruebas de su divinidad, entonces es cuando viene a tratar de los alimentos. Es que, a la verdad, todo el judaísmo estriba en eso. Si se quita eso se le ha quitado todo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 2-3.

**"corban": Se refiere a un regalo u ofrenda dedicada a Dios para utilizar en el templo o en otro servicio religioso. La palabra es empleada como fórmula para indicar un voto importante.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p. 39-43
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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Jesús camina sobre las aguas


22Y enseguida Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23Y, después de despedirla, subió al monte a orar a solas. Cuando se hizo de noche seguía él solo allí. 24Mientras tanto, la barca se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario. 25En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. 26Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dijeron: "¡Es un fantasma!" y llenos de miedo empezaron a gritar. 27Pero al instante Jesús les habló: "Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo".
   28Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas". 29"Ven", le dijo él. Y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas en dirección a Jesús. 30Pero al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, se puso a gritar: "¡Señor, sálvame!". 31Al instante Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? 32Y cuando subieron a la barca se calmó el viento.
   33Los que estaban con la barca le adoraron diciendo: "Verdaderamente eres Hijo de Dios".
   34Acabaron la travesía y llegaron a tierra a la altura de Genesaret. 35Al reconocerlo los hombres de aquel lugar mandaron aviso a toda la comarca y le trajeron a todos los que se sentían mal, 36y le suplicaban poder tocar aunque sólo fuera el borde de su manto. Y todos los que lo tocaron quedaron sanos. (Mateo 14, 22-36).

14, 22   Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca

El sentido pleno y espiritual. Para entender la razón de esos sucesos hay que distinguir los tiempos. El hecho de que estuviera solo por la noche anticipa la soledad del Señor en la hora de la pasión, cuando los demás se dispersarían por el pánico.
   El hecho de que ordene a sus discípulos subir en la barca y cruzar el mar mientras Él despide a la muchedumbre, y una vez despedida, Él suba al monte, significa que les manda estar en la Iglesia y navegar por el mar, es decir, por el mundo hasta el momento en que Él, volviendo en su trono de gloria, confiera la salvación a todo el pueblo, que será el resto de Israel. Lo librará de sus pecados y, una vez liberado y sobre todo admitido en el Reino de los Cielos, dará gracias a su Padre Dios y se sentará en su gloria y en su majestad. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 14, 13.

14, 23   Después de despedirla 

¿Por qué sube el Señor al monte? Para enseñarnos que nada hay como el desierto y la soledad cuando tenemos que suplicar a Dios. De ahí la frecuencia con la que se retira a lugares solitarios y allí pasa noches en oración, para enseñarnos que, para la oración, hemos de buscar la tranquilidad, un puerto de calma que nos libra de todos los alborotos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 50, 1.   

14, 24   Sacudida por las olas

Por eso, pues, sube Él al monte; sus discípulos, empero, nuevamente son juguete de las olas y sufren otra tormenta como la primera. Mas entonces lo tenían por lo menos a Él consigo; ahora se hayan solos y abandonados a sus propias fuerzas. Es que el Señor quiere conducirlos suavemente y por sus propios pasos a mayores cosas, y particularmente a que sepan soportarlo todo generosamente. Por eso justamente, cuando estaban a punto de correr el primer peligro, allí estaba Él con ellos, aunque estuviera durmiendo, pronto para socorrerlos en cualquier momento. Ahora, en cambio, para conducirlos a mayor paciencia, ni siquiera está allí, sino que se ausenta y permite que la tempestad los sorprenda en medio del mar, sin esperanza de salvación por parte alguna; y allí los deja la noche entera como juguete de las olas, sin duda, con intento de despertar sus corazones endurecidos. Tal es, a la verdad, el efecto del miedo, al que no menos que la tormenta contribuía el tiempo. Pero justamente con este sentimiento de compunción quería el Señor excitar en sus discípulos un mayor deseo y un continuo recuerdo de Él mismo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 50, 1.

14, 25   Vino hacia ellos caminando sobre el mar

El milagro previsto en la profecía. Pues ¿quién podía caminar sobre el mar sino el que es creador del universo? Aquel de quien antiguamente anunciara el Espíritu Santo por medio del bienaventurado Job: "Él solo extendió la tierra y camina sobre el mar como sobre la tierra". Y el que habla de igual modo por Salomón sobre esto mismo diciendo por boca de la Sabiduría: "Yo habité en lo más alto y mi trono se encuentra sobre la columna de nube. Di la vuelta sola al cielo y caminé sobre las olas del mar". Y aquel de quien David en un salmo declaró: "Dios, tu camino en el mar y tus sendas en las aguas abundantes". De esto dio noticia igualmente Habacuc al decir: "Derramando aguas por los caminos, el abismo pronunció su voz".
   ¿Qué hay más manifiesto que estos testimonios, o qué más luminoso? Con ellos se muestra claramente que Él camina sobre el mar como sobre la tierra, es decir, el unigénito Hijo de Dios, que antiguamente extendió el cielo según la voluntad del Padre y en tiempo de Moisés sirvió de guía al pueblo en la columna de nube. Cromacio de Aquileya, Tratados sobre el Ev. de Mateo, 52, 2.

14, 26-27   Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo

¡Es un espíritu! "Porque los discípulos -dice el evangelista-, al verle caminar sobre el mar, se turbaron, diciendo que era un fantasma, y de miedo rompieron en gritos". Tal es el modo ordinario de obrar de Dios: cuando Él está a punto de resolver las dificultades, entonces es cuando nos pone otras más graves y temibles. Así sucede en este momento; pues, como si fuera poco la tormenta, la aparición vino también a alborotarlos, no menos que la tormenta misma. Por eso ni deshizo la oscuridad ni de pronto se manifiesta claramente a sí mismo. Es que quería, como acabo de decir, templarlos entre aquellos temores y enseñarles a ser pacientes y constantes. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 50, 1.

14, 28   Manda que yo vaya a ti sobre las aguas

La audacia de Pedro. En todas partes encontramos la ardentísima fe de Pedro. Cuando se le preguntó a los discípulos quién decían los hombres que era Jesús, él confiesa que es el Hijo de Dios. Cuando el Señor quiere ir a su pasión, si bien se equivoca de hecho, no yerra en el afecto, ya que no quiere que muera aquel que poco antes había confesado como Hijo de Dios. Primero entre los primeros subió a la montaña con el Salvador y en la Pasión fue el único en seguirlo. En cuanto a su pecado, por efecto de un miedo repentino, lavó en seguida su negación con amargas lágrimas. Después de la pasión, cuando estaban pescando en el lago de Genesaret y el Señor estaba en la orilla, mientras los otros se acercaban lentamente en su barca, él no soporta demoras, se ciñe su vestido y se lanza en medio de las olas. También ahora, con la misma ardiente fe de siempre, mientras los otros callan, él cree poder hacer por voluntad del Maestro lo que éste podía por naturaleza: "Mándame ir a ti sobre las aguas". Mándalo y al punto las aguas se volverán sólidas y mi cuerpo, pesado por sí mismo, se volverá liviano. Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo, 2, 14, 28.

14, 29   Comenzó a andar sobre las aguas

Pedro salió de la barca. ¿Por qué, pues, se lo permitió Cristo? Porque de haberle dicho: "No puedes", él, ardiente como era, le hubiera contradecido. De ahí que el Señor quiera enseñarle por vía de hecho, para que otra vez sea más moderado. Más ni aun así se contiene. Bajado, pues, que hubo de la barca, empezó a hundirse, por haber tenido miedo. El hundirse dependía de las olas; pero el miedo se lo infundía el viento.
   Juan, por su parte, cuenta: "Quisieron recibirle en la barca, e inmediatamente la barca llegó al punto de la costa a donde se dirigían". Que viene a decir lo mismo, es decir, que, cuando estaban para llegar a tierra, montó el Señor en la barca. Bajado, pues, que hubo Pedro de la barca, caminaba hacia Jesús, alegre no tanto de ir andando sobre las aguas cuanto de llegar a Él. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 50, 2.

14, 30   Al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó

Temor del menor peligro. Y lo bueno es que, vencido el peligro mayor, iba a sufrir apuros en el menor; por la fuerza del viento, quiero decir, no por el mar. Tal es, en efecto, la humana naturaleza. Muchas veces triunfadora de lo grande, queda derrotada en lo pequeño. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 50, 2.

14, 31   Jesús alargó la mano

Jesús le tendió la mano. Pero la alabanza humana no tienta al Señor y, en cambio, los hombres en la Iglesia son con frecuencia perturbados por las alabanzas y honores de los hombres, y casi naufragan; por eso, Pedro tembló en el mar, aterrado por la fuerte violencia de la tempestad. Pues ¿quién no temerá aquella voz: "Los que os llaman felices os inducen a error y dificultan las sendas de vuestros pies"? Y puesto que el espíritu lucha contra la concupiscencia de la alabanza humana, bueno es que en tal peligro recurra a la oración y a la súplica; no sea que quien se ablande se vea sorprendido y anegado por la vituperación. En el oleaje grite el vacilante Pedro y diga: "Señor, sálvame". El Señor extiende la mano y parece increparle, diciendo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Es decir, ¿por qué no caminaste derechamente, mirando a aquel a quien seguías, y gloriándote sólo en el Señor? Sin embargo, le saca del oleaje y no le deja perecer, pues confiesa su debilidad y solicita el auxilio divino. Agustín, Sermones, 75, 10.

14, 32   Se calmó el viento

La calma restaurada. Cuando el Señor salió de la barca, el viento y el mar se apaciguaron; esto indica que la paz y la tranquilidad de la Iglesia eterna tornarán después de su venida gloriosa. Puesto que Él vendrá y se manifestará, todos exclamarán: "Verdaderamente eres Hijo de Dios". Entonces todos los hombres confesarán clara y públicamente que el Hijo de Dios, no ya en la humildad de la carne, sino en la gloria del cielo, ha restaurado la paz de la Iglesia. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 18.

14, 33   Verdaderamente eres Hijo de Dios

Ellos se postraron ante Él. Y que en medio de la tempestad subió el Señor a la barca y cesó el viento, y también los que estaban en la barca se le acercaron y lo adoraron, quiere decir que el Señor y Salvador nuestro, una vez puesta en fuga la tempestad de la persecución, iba a volver de nuevo a sus discípulos hasta llegar a su Iglesia, en la cual constituyó como primer apóstol a san Pedro, a quien encomendó de forma particular sus ovejas diciendo: "Apacienta mis ovejas". Una vez que los apóstoles, colocados en la Iglesia de los creyentes como en una pequeña barca, contemplaron esta gloria de la resurrección del Señor adoraron al Señor y Salvador nuestro, predicaron al género humano que era el verdadero Hijo de Dios. Cromacio de Aquileya, Tratados sobre el Ev. de Mateo, 52, 8.

14, 34-35   Le trajeron a todos los que se sentían mal

Ellos le llevaron a todos los que estaban enfermos. Ya no se le acercaban como antes: no le obligan a que vaya a sus propias casas ni a que imponga las manos a los enfermos ni que lo mande de palabra. Ahora se ganan la curación de modo más elevado, más filosóficamente, por medio de una fe mayor. La mujer del flujo de sangre les había enseñado a todos esta filosofía. Por lo demás, el mismo evangelista nos da a entender que, de mucho tiempo atrás, había estado el Señor en aquellas partes, cuando dice: Y, "al reconocerle los hombres de aquel lugar, enviaron recado por todo el contorno y le presentaron a todos los enfermos". Sin embargo, no sólo no había el tiempo destruido la fe de aquella gente en el Señor; no sólo la había mantenido viva, sino que la había aumentado. Juan Crisóstomo, Homilías sore el Ev. de Mateo, 50, 2.

14, 36   Suplicaron poder tocar aunque sólo fuera el borde de su manto

La orla de su vestido. Después de la aglomeración y de haber saciado el hambre de los cinco mil hombres, acontecieron otros muchos sucesos que nosotros hemos retrasado con intención de dar cuenta de ellos, pero su significación abarca hasta otro pasaje. En efecto, acabado el tiempo de la Ley e introducidos en la Iglesia esos cinco mil hombres que procedían de Israel, el pueblo de los creyentes va al encuentro del Señor. Es el mismo [pueblo] que, al salir de la ley y salvado por la fe, presenta al Señor a los otros enfermos y débiles; éstos son presentados con la intención de tocar las orlas de su vestido para ser curados con la fe. Pero, como los flecos de todo vestido, así también sobresale de nuestro Señor Jesucristo el poder del Espíritu Santo. Este poder, transmitido a los apóstoles, que a su vez sale por así decirlo del mismo cuerpo, trae la salvación a quienes desean tocarlo. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 14, 19.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p. 32-39
Director de la edición en castellano
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Jesús alimenta a cinco mil hombres


13Al oírlo Jesús se alejó de allí en una barca hacia un lugar apartado él sólo. Cuando la gente se enteró le siguió a pie desde las ciudades. 14Al desembarcar vio una gran muchedumbre y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos. 15Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: "Este es un lugar apartado y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos. 16Pero Jesús les dijo: "No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer". 17Ellos le respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces". 18Él les dijo: "Traédmelos aquí". 19Entonces mandó a la gente que se acomodara en la hierba. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente. 20Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y de los trozos que sobraron recogieron doce cestos llenos. 21Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mateo 14, 13-21).

14, 13-14   Al desembarcar vio una gran muchedumbre

Se apartó a un lugar solitario. Mirad como en todo momento se retira el Señor: Cuando Juan fue hecho prisionero, cuando se le mató y cuando los judíos oyeron decir que hacía muchos discípulos. Es que a la mayor parte de sus acciones les daba Él un sesgo más bien humano, pues todavía no había llegado el momento de revelar a plena luz su divinidad. De ahí que acostumbrara a mandar a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Cristo o Mesías, pues esto lo quería revelar señaladamente después de su resurrección. De ahí también que no se mostrara muy duro con los judíos que, por el momento, no creían en Él, sino que fácilmente los excusaba y perdonaba. Sin embargo, al retirarse no se dirige a una ciudad, sino al desierto, y sube a una barca con el fin de que no le siguiera nadie.
   Mas considerad, os ruego, cómo los discípulos de Juan se adhieren ahora más estrechamente a Jesús, pues ellos fueron los que le vinieron a dar la noticia de lo sucedido y, dejándolo todo, en Él buscaron un refugio para el futuro. Así, no era poco lo que habían logrado tanto con la desgracia del maestro como con la respuesta que antes les diera Jesús mismo.
   Mas ¿por qué razón no se retiró antes que ellos le dijeran la noticia, cuando Él lo sabía todo antes que vinieran a decirle nada? Porque quería mostrar por todos los medios la verdad de su encarnación, y no quería que quedara probada sólo por la vista, sino también por sus obras. Sabía Él muy bien la astucia del diablo y cómo éste no dejaría piedra por mover para destruir esa fe en la verdad de su encarnación.
   Ahora bien, si Él se retira por ésa razón que decimos, las muchedumbres ni aun así quisieron apartarse de su lado, sino que obstinadamente le fueron siguiendo, sin que el mismo drama de Juan los amedrantara. ¡Tanto puede el amor, tanto puede la caridad, que lo vence todo y rompe todos los obstáculos! Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 49, 1.

14, 15   Dadles vosotros de comer

Mas vosotros, os ruego, considerad la sabiduría del maestro y cuán discretamente los va conduciendo a la fe. Porque no les dijo de pronto: "Yo les voy a dar de comer", pues no le hubiera parecido creíble. "Jesús -afirma el evangelista- les dijo". ¿Qué les dijo? "No tienen necesidad de irse: Dadles vosotros de comer". No dijo: "Yo les daré de comer" sino: "Dadles vosotros de comer".
   Es que todavía lo miraban como a un hombre. Y de hecho, ni aun así caen en la cuenta, sino que siguen hablando con Él como con un hombre y le contestan: "No tenemos más que cinco panes y dos peces". De ahí que Marcos advierta que los discípulos no entendieron lo que el Señor les dijo, "pues su corazón estaba endurecido". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 49,1.

14, 17   Cinco panes y dos peces

Los cinco panes de los cinco libros de la Ley. Como los discípulos le aconsejan que enviase a las muchedumbres a las ciudades más próximas para que pudieran comprar alimentos, Él les respondió: "No hace falta que vayan". Así señala que aquellos de los que cuidaba no necesitaban alimentarse de una doctrina puesta a la venta, y tampoco tenían necesidad de volver a Judea para comprar alimentos; por eso manda a los apóstoles que les den de su propia comida. ¿Acaso desconocía [el Señor] que los apóstoles no tenían nada que darles? El que conocía las interioridades de la mente humana ¿no conocía acaso la pequeña cantidad de comida que había en manos de los apóstoles? En realidad era necesario manifestar por completo una razón tipológica. Todavía no se había concedido a los apóstoles el consagrar y ofrecer el pan del cielo como alimento de vida eterna. Por eso su respuesta iba con miras a la comprensión espiritual. En efecto, ellos respondieron que sólo tenían cinco panes y dos peces, porque se encontraban todavía bajo el impero de los cinco libros de la Ley -los cinco panes- y se alimentaban de la enseñanza de dos peces, es decir, de los profetas y de Juan. En las obras de la Ley la vida estaba como en el pan, y la predicación de los profetas y de Juan reanimaba la esperanza de la vida humana mediante la fuerza del agua. Así pues, los apóstoles ofrecieron estas cosas en primer lugar porque todavía se encontraban bajo aquel régimen. Pero también se indica que la predicación de los Evangelios, difundiéndose a partir de esos orígenes, se desarrolla haciendo crecer más y más su fuerza. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateos, 14, 10.

14, 18   Traédmelos aquí

Alimentando al mundo en un lugar desértico. El Señor interviene decididamente y les dice: "Traedme aquí esos panes". Porque si el lugar es desierto, aquí está el que alimenta a la tierra entera. Si la hora de comer ha pasado ya, ahora os habla el que no está sujeto a hora alguna.
   Juan, por su parte, nos cuenta que los panes eran de cebada, pormenor que el evangelista añade no sin motivo, pues él nos quiere enseñar a que pisoteemos el fausto de las comidas suntuosas. Tal era también la mesa de los profetas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 49, 1.

14, 19   Pronunció la bendición, partió los panes y los dio

El alimento evangélico. Tomando consigo los panes y los peces, el Señor elevó los ojos al cielo, los bendijo y los partió, a la vez que daba gracias al Padre porque, después del tiempo de la Ley y de los profetas, Él [Jesús] se transformaba en alimento evangélico. Acontinuación el pueblo fue invitado a sentarse en la hierba; ya no está extendido sobre la tierra sin más, sino apoyado en la Ley, y cada uno se extiende sobre los frutos de su trabajo como sobre la hierba de la tierra. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 11.

14, 20   Comieron todos hasta que quedaron satisfechos

Se repartieron los panes entre los apóstoles porque los dones de la gracia divina debían ser distribuidos por ellos. La muchedumbre quedó alimentada con los cinco panes y los dos peces. Una vez saciados todos, se recogieron las sobras de pan y peces hasta llenar doce canastas. Con otras palabras: la multitud se sació con la palabra de Dios, proviniente de la enseñanza de la Ley y de los profetas, y a continuación del ministerio del alimento eterno, la abundancia del poder de Dios, reservada al pueblo de los gentiles, desborda hasta la plenitud de los doce apóstoles. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 11.

14, 21   Eran unos cinco mil hombres

Se puede constatar que el número de los que comieron es el mismo número que el de los futuros creyentes. En efecto, conforme a una detallada narración en el libro de los Hechos [de los Apóstoles], de la inmensidad del pueblo de Israel creyeron cinco mil hombres... Saciado el pueblo, los panes partidos juntamente con los peces se recogen hasta un número destinado a ser, por una parte, el del pueblo creyente, y por otra, el de los apóstoles que reciben la plenitud de la gracia del cielo. De esta manera la medida se adapta al número, y el número a la medida. Dentro de sus límites, la razón de este cálculo era obtener el fin deseado y dependía del poder divino. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 11.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b, p. 26-31
Director de la edición en castellano
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Parábola de las diez vírgenes


1"Entonces el Reino de los Cielos será como diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. 2Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; 3pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas. 5Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. 6A media noche se oyó una voz: "¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!" 7Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. 8Y las necias les dijeron a las prudentes: "Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan". 9Pero las prudentes les respondieron: "Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcanze para vosotras y nosotras". 10Mientras se fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. 11Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!". 12Pero él les respondió: "En verdad os digo que no os conozco". 13Por eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora". (Mateo 25, 1-13).

25,1   El Reino de los Cielos será como diez vírgenes

División entre buenos y malos. También tomando como base las palabras que preceden se puede entender mejor este pasaje. Todo este discurso se relaciona con el día del Señor, cuando sean desvelados los pensamientos secretos de los hombres mediante la investigación del juicio de Dios, y la verdaera fe en Dios consiga la recompensa de una firme esperanza. Efectivamente, en la opsición entre las cinco [vírgenes] prudentes y las cinco necias se establece la división entre los creyentes y los que no tienen fe, como imagen por la que Moisés recibió los diez mandamientos escritos en dos tablas [de piedra] y la doble página, la de la izquierda y la de la derecha. Allí se encuentra consignado lo perteneciente a cada una de ellas, estableciendo así la división entre los buenos y los malos, aunque reunidos en un sólo testamento. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 27, 3.

25, 2   Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes

Las vírgenes prudentes son las almas que, utilizando el tiempo de que disponen para realizar obras buenas, se han preparado para ir por primera vez al encuentro del Señor. Las necias, por el contrario, son las almas, relajadas y perezosas, que sólo se han preocupado de las cosas presentes y, olvidando las promesas divinas, no han hecho crecer ninguna esperanza en la resurrección. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 27, 5.

25, 3-4   Aceite en sus alcuzas

Qué significa el aceite. A tu juicio ¿no es la caridad? Lo decimos en plan de búsqueda, sin precipitarnos en confirmarlo. Os diré por qué me parece a mí que en el aceite está significada la caridad. Dice el Apóstol: "Os muestro un camino aún más excelente". ¿A cuál se refiere? "Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o como címbalo que retiñe". Este es el camino excelente, es decir, la caridad, que con razón se haya significada en el aceite. El aceite es el menos pesado de todos los líquidos. Vierte un poco de agua y echa encima aceite; éste queda encima. Echa ahora aceite, vierte agua encima, y el aceite subirá a la superficie. Si sigues el orden natural, el aceite vence; si lo cambias, él vence igualmente. La caridad nunca cae. Agustín, Sermones, 95, 5.

25, 5   Como tardaba en venir el esposo

El esposo y la esposa representan a Dios nuestro Señor en el cuerpo. Lo mismo que el Espíritu es un esposo para la carne, así también la carne es una esposa para el Espíritu. Cuando al final la trompeta anuncie la resurrección se irá al encuentro del esposo solo; en efecto, los dos serán una sola cosa, porque la humildad de la carne habrá alcanzado la gloria del Espíritu. Hilario de Potitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 27, 4.

25, 7-8   Aderezaron sus lámparas

Las doncellas se levantaron. Habiéndose producido un clamor a media noche... ¿Qué clamor es éste sino aquel del que habla el Apóstol: "En un abrir y cerrar de ojos, al sonido de la última trompeta? Sonará la trompeta; los muertos resucitarán incorruptos y nosotros seremos transformados". Después del clamor de media noche, en el que se decía: "He aquí que llega el esposo", ¿qué sigue? "Se levantaron todas". ¿Qué significa "se levantaron todas"? "Llegará el momento, dijo el mismo Señor, en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán". Por tanto, al sonido de la última trompeta resucitaron todos. Pero aquellas vírgenes prudentes tomaron consigo aceite en sus vasijas; las necias, en cambio, no. Agustín, Sermones, 93, 9.

25, 9   No sea que no alcance para vosotras y nosotras

Tal vez sea suficiente para nosotras. Cuando todo el mundo dormitaba y el demonio oprimía con las tinieblas de la media noche, se oyó un clamor grande del cielo: "¡Ya está aquí el esposo, salid a su encuentro!". De igual manera el bienaventurado apóstol Pablo había gritado, al decir: "El Señor mismo, a la voz dada por un arcángel y por la trompeta de Dios, descenderá desde el cielo, y los que muerieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivimos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires, y estaremos siempre en el Señor". Por tanto, aquellas vírgenes se levantaron y aderezaron sus lámparas. "Y las necias les dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, pues nuestras lámparas se apagan". Se apagaba y fracasaba su virginidad porque no tenían obras de piedad y misericordia. "Pero las prudentes les respondieron: Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcanze para vosotras y nosotras". En el día de la resurrección y del juicio, a pesar de que alguien abunde en las obras santas de los santos, también temerá, no sea que no tenga suficiente. Epifanio el Latino, Interpretación de los evangelios, 36.

25, 10-11   Vino el Esposo

Mientras fueron a comprar. No hay que extrañarse de que "cuando van a comprar", cuando buscan a quienes las alaben, no hallen; cuando buscan a quienes las consuelen, no encuentren. Es entonces cuando la puerta se abre, "viene el esposo"; y la esposa, la Iglesia, es glorificada con Cristo, para unir a sí a cada miembro. Agustín, Sermones, 93, 15.

25, 12-13   Velad porque no sabéis el día ni la hora

No os conozco. Jesús compara a los gobernantes del pueblo con la vírgenes. Es necesario que el que desempeña una función sagrada no tenga tacha ni ni en el cuerpo ni en el alma, como también Pablo dice: "Para que ella sea santa en cuerpo y alma". Puesto que es usual en la Escritura dividir el tiempo presente en cinco periodos, asigna acada periodo almas santas y almas ímpías, de la misma manera que cada tiempo tiene personas sabias e insensatas, justas e injustas. Con el hecho de que todas las vírgenes fueran con sus lámparas Jesús demuestra que todas las almas han sido iluminadas por Dios mediante leyes naturales e innatas, pero también por las leyes escritas de Moisés. Todas las vírgenes fueron al encuentro del esposo. Todas estaban decididas a buscar el favor de Dios y a unirse espiritualmente con el Esposo que siembra en los corazones de los fieles la semilla de todo tipo de virtud, por ello es llamado el Esposo. Sin embargo, algunos no soportan vivir de manera moderada aunque posean la iluminación de Dios... En tono de burla llama a su sueño la muerte de la carne, que necesariamnete acontecerá tanto al sabio como al insensato, a los que la trompeta de los ángeles despertará en tiempos de la segunda venida de Cristo. Como la muerte es importante todos serán resucitados, buenos y malos, y todos estarán dispuestos para preparar su defensa delante del juez. Esto es representado en la parábola cuando cada vírgen prepara su lámpara, resumiendo todo lo que ha ocurrido en su vida. Como las insensatas no han traído nada, su alma comienza a desdibujarse y como a apagarse y a ser llevadas hacia un delirio, pensando que serán compadecidas gracias a la virtud de los otros. Por eso son rechazadas cuando las otras les dicen: "No hay suficiente para vosotras y nosotras". La virtud de cada uno a duras penas basta para la salvación del alma, porque incluso los que son sabios cometen transgresiones de muchas maneras. Cirilo de Alejandría, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 280.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p. 264-272
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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