Los maestros de Jerusalén


1Por entonces unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron: 2"¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores? Pues, cuando comen pan, no se lavan las manos". 3Él les respondió: "¿Y por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?. 4Porque Dios dijo: "Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, que sea castigado con la muerte". 5Vosotros, en cambio, decís que si alguien le dice a su padre o a su madre: "Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí",ése ya no tiene obligación de honrar a su padre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición. 7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo: 
         8Este pueblo me honra con los labios,
         pero su corazón está muy lejos de mí.
         9inútilmente me dan culto,
         mientras enseñan doctrinas
         que son preceptos humanos". (Mateo 15, 1-9).

15, 1   Fariseos y escribas

Los escribas vinieron de Jerusalén. Fue precisamente entonces cuando se le acercaron los fariseos y los escribas venidos de Jerusalén, no admirados por el poder de Jesús, que había curado a cuantos había tocado la orla de su manto, sino con la intención de denunciar al Maestro, no ya por la transgresión de un mandamiento de Dios, sino de una tradición de los antiguos judíos. Parece que la acusación de esta clase de gente que ama la sutileza demuestra que los discípulos de Jesús eran respetuosos con la ley de Dios, puesto que no dieron a los escribas y fariseos motivo de reproche con relación a la transgresión de los manadamientos de Dios. En efecto, no habrían reprochado a los discípulos de Jesús por transgredir el mandato de los ancianos, si hubiesen podido acusarlos y demostrar que los discípulos transgredían, en cambio, un mandato de Dios. Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 11, 8.

15, 2   La tradición de nuestros mayores

¿Por qué transgreden la tradición? Pero mirad cómo por su misma pregunta quedan atrapados. Porque no le dicen al Señor: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la ley de Moisés?", sino: "¿Por qué quebrantan la tradición de los ancianos?". De donde resulta que los sacerdotes habían innovado muchas cosas a pesar de que Moisés las había mandado con gran temor y fuertes amenazas, que nada se añadiera ni quitara de la ley: "No añadiréis a la palabra que yo os mando ni quitaréis de ella". Mas no por eso dejaron de introducir innovaciones, como esa de no comer sin lavarse las manos, lavar el vaso y los utensilios de bronce y darse ellos abluciones. Justamente cuando debían, avanzado ya el tiempo, librarse de tales observancias, entonces, fue cuando más estrechamente se ataron con ellas, sin duda por temor de que se les quitara el poder que ejercían sobre el pueblo, y también para infundir a éste más respeto, al presentarse también ellos como legisladores. Ahora bien, la cosa llegó a tal punto de iniquidad, que se guardaban los mandamientos de los escribas y fariseos y se consultaban los de Dios; y era tanto su poder, que ya nadie los acusaba de ello. Su culpa, pues, era doble: primero, el innovar; y segundo, defender con tanto ahínco sus innovaciones, sin hacer caso alguno de Dios. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 1.

15, 3-4   El mandamiento de Dios

¿Por qué desobedecéis los mandatos de Dios? Volvamos al texto citado más arriba donde el Salvador resume en dos todos los mandamientos de la Ley; uno lo entresaca del Decálogo transmitido en el libro del Éxodo y el otro lo extrae del Levítico o de otros pasajes de algunos de los libros del Pentateuco. Ya hemos explicado cómo los fariseos anularon la palabra de Dios que dice: "Honra a tu padre y a tu madre". Ellos decían: "No debe honrar al padre o a la madre quien haya dicho a su padre o a su madre: Lo que hubieras podido recibir de mí lo he prometido como ofrenda a Dios". Y así, alguno podría preguntar por qué no es inútil lo que viene a continuación: "El que maldiga a su padre o a su madre sea castigado con la muerte". En efecto, admitamos que no honra a su padre o a su madre quien dedica los dones que deberían servir para honrarlos a lo que se denomina **"corban"; pero entonces, la tradición de los fariseos ¿abroga también la frase que dice: "El que maldiga a su padre o a su madre que sea castigado con la muerte"? La respuesta podría consistir en que, quien dice a su padre o a su madre: "Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí", infligiría una especie de ultraje a su padre o a su madre, tratándoles de sacrílegos, ya que éstos se adueñarían de la dádiva destinada al "corban" por parte de los hijos. Por esta razón, los judíos condenan, como hijos que maldicen a su padre o a su madre, a los que les dicen: "Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí", como manda la ley. Pero vosotros [fariseos], mediante una sola ley de vuestras tradiciones, abrogáis dos mandamientos de Dios. Y tampoco os avergonzáis al acusar a mis discípulos, que no anulan ningún mandato. En efecto, "ellos caminan intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor". Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 11, 10.

15, 5-6   Habéis anulado la palabra de Dios

Fines errados. Los escribas estaban muy preocupados por algunas cosas, mientras que el Señor les enseñaba a tener cuidado de todo lo que se relaciona con las necesidades del cuerpo siempre y cuando pusiesen el máximo empeño en la virtud. Cuando los afriseos vieron que sus discípulos no ponían interés en lavarse, le reprochaban, porque no se cuidaban de tal materia: en verdad, nadie podría decir que tenían un cuidado especial en comer sin haberse antes lavado. ¿Qué responde el Señor a esto? "¿Por qué también vosotros transgredís el mandato de Dios por causa de vuestra tradición?". Les expone también en este punto una acusación más grave, no sólo por el hecho de que ellos han roto el mandato de Dios, sino también porque lo han utilizado de esa forma. Dios mandó que los padres fueran honrados por los hijos y que el honor les fuera debido de tal forma, que manda castigar con la pena de muerte al hijo que ofende a los padres, aunque sólo sea de palabra. Vosotros, en cambio, decís que honrar o no a los padres pertenece a los hijos, y decís que no hará ofensa a sus padres cuando el hijo dice: lo que podrías recibir de mí, esto lo ofrezco como don y como gracia: "no se te debe ningún honor cuando no tengo voluntad de hacerlo". De esta forma, con vuestras tradiciones peculiares deshonráis los dones de Dios excelso. Teodoro de Mopsuestia, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 79.

15, 7-8   Su corazón está muy lejos de mí

Sus corazones están muy lejos de mí. He partido del texto citado en el Evangelio, añadiendo una líneas de lo que precede y otras de lo que viene a continuación, para mostrar cómo el Logos amenaza con "cerrar los ojos" de aquellos del pueblo que "son estúpidos y tienen la cabeza embotada y con un espíritu sopor", y amenaza también con cerrar los ojos de sus profetas y príncipes, pues pretenden ver las cosas ocultas.
   Me parece que estas amenazas se han cumplido, una vez que ha aparecido el Salvador en medio de ese pueblo, pues por ellos se han realizado todas las palabras de la Escritura entera, y en particular las de Isaías, "como palabras de un libro sellado". "Libro sellado" quiere decir como si se encontrara cerrado por la oscuridad y no estuviera abierto con claridad. El libro está totalmente oscuro para ellos, porque son incapaces de leer, pues no conocen sus letras e ignoran el sentido de lo que allí está escrito.
   Así pues, con razón añade que el pueblo, embrutecido por los pecados y lleno de estupidez, se irrita contra Jesús, y se comporta como un ebrio contra Él, "con el espíritu de sopor" que el Señor les ha infundido, cerrando sus ojos, porque son indignos de ver, y cerrando también los ojos de sus profetas y de sus príncipes, pues pretenden ver las realidades escondidas entre los misterios contenidos en las Sagradas Escrituras. Ahora bien, cuando sus ojos sean cerrados, entonces serán selladas y encerradas también las palabras de los profetas. Y esto es lo que ha sucedido al pueblo de aquellos que no creen que Jesús es Cristo. Orígenes, Comentarios al Ev. de Mateo, 11, 11.

15, 9   Preceptos humanos

Me honran en vano. ¡Mirad con qué precisión conviene la profecía con las palabras del Señor y cómo de antiguo anuncia la maldad de escribas y fariseos! Porque de lo mismo que ahora los acusa Cristo, es decir, de que menospreciaban los preceptos de Dios, los había ya acusado Isaías: "En vano -dice- me dan culto". De sus preceptos, en cambio, tienen mucha cuenta: "Enseñando enseñanzas, mandatos de hombres". Luego con razón no las guardan los discípulos del Señor. Ya, pues, que el Señor ha asestado a escribas y fariseos ese golpe mortal, acusándolos cada vez con más fuerza por las divinas Letras, por su propia sentencia y por el testimonio del profeta, ya en adelante no habla con ellos, por tenerlos por incurables y dirige, en cambio, su razonamiento a las muchedumbres, a fin de introducir una doctrina sublime, doctrina grande y llena de la más alta filosofía. Tomando pie de aquella cuestión minúscula, el Señor trata de otra más importante, y deroga la observancia de los alimentos. Pero mirad cuándo: cuando ya había limpiado a un leproso y suprimido el sábado y se había mostrado rey de la tierra y del mar; cuando había dado mil pruebas de su divinidad, entonces es cuando viene a tratar de los alimentos. Es que, a la verdad, todo el judaísmo estriba en eso. Si se quita eso se le ha quitado todo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 2-3.

**"corban": Se refiere a un regalo u ofrenda dedicada a Dios para utilizar en el templo o en otro servicio religioso. La palabra es empleada como fórmula para indicar un voto importante.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p. 39-43
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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