El siervo fiel y el imprudente


45"¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el amo puso al frente de la servidumbre, para darles el alimento a la hora debida? 46Dichoso aquel siervo a quien su amo cuando vuelva encuentre obrando así. 47En verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. 48Pero si ese siervo fuese malo y dijera en sus adentros: "Mi amo tarda", 49y comenzase a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos, 50llegará el amo de aquel siervo el día menos pensado, a una hora imprevista, 51lo castigará duramente y le dará el pago de los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes". (Mateo 24, 45-51).

24, 45   El siervo fiel y el prudente

Debemos considerar en su conjunto la frase: "¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente?" Pues, conforme a una comprensión completa de la fe, algunos ciertamente son fieles, pero no son prudentes ni de talento ágil; otros por el contario, son inteligentes según lo que aquí se enseña, pero de ninguna manera son también prudentes. Si nos fijamos en la multitud de quienes quieren ser cristianos, encontraremos sin duda muchos fieles que se preocupan de conocer la fe, pero no son prudentes, de modo que son "hijos de este mundo más sagaces en lo suyo", aun sabiendo que "Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios". Y también encontramos que otros, que se juzga han creído, son sin duda prudentes y sabios, pero con una fe pequeña. Si no son infieles son sin embargo, menos fieles que "los necios del mundo" que "Dios escogió". Es raro que la prudencia y la fe coincidan en una persona que sea capaz de "dar [a los siervos] el alimento a la hora debida". Es necesario ser prudentes para dar a los indigentes el alimento "a la hora debida". Y hace falta ser fiel para no privar de alimento a la hora debida a los indigentes. Orígenes, Serie de comentarios al Ev. de Mateo, 61.

24, 46   Dichoso aquel siervo

Cada uno, en efecto, ha de emplear lo que tiene para común provecho. Si tienes sabiduría, mando, riqueza o cualquier otra cosa, no la emplees en daño de quienes son siervos como tú, ni tampoco en tu propia perdición. De ahí que el Señor exija de él prudencia y fidelidad. En verdad, de la ignorancia nace el pecado. Ahora bien, llámalo leal, porque no sisó nada ni nada dilapidó vana y neciamente de los bienes de su señor; y prudente, porque supo administrar como debía lo que se le había confiado. Y es así que una y otra cosa necesita el buen servidor; no sustraer nada de los bienes de su señor y saberlos administrar convenientemente. Cualquiera de las dos cosas que falte, cogea la otra. Porque si es fiel y no roba, pero dilapida y gasta en lo que no debe, su culpa es grande; y si admistra bien, pero sisa, su culpa no es menor. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 77, 3.

24, 47   Le confió la riqueza

Deben oírlo los que poseen estas cosas temporales. Porque no habla aquí el Señor sólo a los maestros, sino también a los ricos. A unos y a otros se le ha confiado una riqueza; la más necesaria a los maestros; la menos, a los ricos. Ahora bien, si mientras los maestros entregan generosamente lo más importante, vosotros no queréis mostrar vuestra magnificencia en lo menos, o, por mejor decir, no magnificencia sino gratitud, puesto que dais lo que se os ha dado, ¿qué defensa tendréis?
   Mas oigamos por ahora, antes de hablar del castigo del malo, el honor que su amo concede al buen criado: "En verdad os digo que lo constituirá sobre todo cuanto tiene". ¿Qué honor puede darse que iguale a ése? ¿Qué discurso podrá explicar la dignidad, la bienaventuranza del hombre a quien el rey de los cielos, el que todo lo posee, lo constituya sobre todos sus bienes? De ahí que lo llame prudente, pues su fiel inteligencia en lo pequeño le hace ganar también lo grande y, moderado en la tierra, supo alcanzar el cielo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 77, 3

24, 48-49   Si el siervo fuese malo

Este pasaje se dirige contra los gobernantes que pasan la vida entre lujos. En efecto, llama siervo malo y perverso al maestro descuidado, porque golpea duramente a aquellos que están bajo su poder y se mezcla con los que aman la carne, aprovechándose de la ausencia del juez y pensando tranquilamente que no es observado. En efecto, los que pecan actúan así porque no está presente el juez y como si no esperaran juicio. Con la acción de golpear a algunos compañeros se refiere a los perjudicados en el alma por culpa del lujo de su posición privilegiada. Como el Apóstol dice: "Pecando así contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia". Por eso amenaza con aplicar los castigos más severos a los que lleven una vida de autocomplacencia...
   En verdad, los hipócritas simulan comprender lo correcto, pero no lo comprenden como es debido, sino que sólo se revisten externamente con la apariencia de virtud; por ello serán cortados por la mitad en el terrible día del juicio, que proviene del Espíritu y se resuelve en alienación perpetua... Entonces cortará la gracia de su alma completamente mancillada y les dará "el pago de los hipócritas". Jesús llama hipócritas a quienes intentan enseñar lo que es correcto, con lo cual producen más daño a los que son instruidos. Además, dice, puesto que aquellos no han hecho el uso debido del ministerio entregado en esta vida, no les será dado otro... No revela Jesús un corte corporal, sino el despojo de su adopción como hijos del Espíritu. En consecuencia, son castigados por culpa de sus propias burlas, y rechinarán "los dientes" al comprender la causa del dolor y la severidad terrible del castigo. Cirilo de Alejandría, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 277.

24, 50-51   Allí habrá llanto y rechinar de dientes

El siervo infiel es castigado. "Lo castigará duramente", es decir, lo separará de la comunión de los cristianos, para que no sea glorificado con los santos ni sea moderadamnete castigado con los que pecaron moderadamente, sino que se junte con los hipócritas e infieles, a los que imitó en sus costumbres, y reciba su misma suerte. De igual forma que el sacerdote es glorificado por encima de todo el pueblo si hace el bien, no sólo por su justicia sino por la de todos, ya que es causa de la justicia de todos, así también, si peca, es castigado por encima de todos, no sólo por su pecado, sino por el pecado de todos, ya que él mismo es causa de que todos pequen. Por eso dice que recibirá el pago de los hipócritas y de los infieles, no todos los infieles son hipócritas. En efecto, hay gentiles que son infieles pero no son hipócritas, porque no fingen rendir culto a Cristo, al que no honrran, sino que siguen un error manifiesto. Los judíos y los herejes son, sin embargo hipócritas: los primeros porque, aunque se llaman a sí mismo judíos, no lo son, sino que son la sinagoga de Satanás; los segundos porque fingen ser cristianos, cuando en realidad son el Anticristo, es decir, van contra Cristo. Por tanto, si uno parece estar en la Iglesia pero actúa contra ella, recibe el nombre de hipócrita. Anónimo, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 51

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p. 260-263
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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