El tributo al templo


24Al llegar a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los recaudadores del tributo y le dijeron: "¿No va a pagar vuestro Maestro el tributo?". 25 "Si", respondió. Al entrar en la casa se anticipó Jesús y le dijo: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben tributo o censo los reyes de la tierra: de sus hijos o de los extraños?". 26Al responderle que de los extraños, le dijo Jesús: "Luego los hijos están exentos; 27pero para no escandalizarlos, vete al mar, echa el anzuelo y el primer pez que pique sujétalo, ábrele la boca y encontrarás un estáter; lo tomas y lo das por mí y por ti". (Mateo 17, 24-27).

17, 24   ¿No va a pagar vuestro Maestro el tributo?

Un símbolo que prefifigura nuestra salvación. Pide al Señor que pague la tasa para el templo. La Ley había establecido para todo Israel una tasa para el servicio al templo como rescate del alma y del cuerpo. Pero, como sabemos, la Ley es prefiguración de bienes futuros. Dios no quería una moneda de plata para conceder, a cambio de un gasto tan pequeño, el rescate de los pecados del alma y del cuerpo. Por consiguiente, la ofrenda de esta moneda se ha establecido como testimonio para el Hijo de Dios, para que nos ofreciéramos nosotros mismos en Cristo, que es el verdadero templo de Dios, con la inscripción, la profesión de fe y el sello del nombre de Cristo. Hilario de Poitiers, Sobre el Evangelio de Mateo, 17, 10.

17, 25-26   ¿De quiénes reciben tributo o censo los reyes de la tierra?

Los hijos son libres. No quería el Señor que Pedro pensara que Él se había enterado del asunto del estáter por los cobradores; de ahí que se adelantara, no sólo para decir eso, sino también para animarle a hablar del pago, cosa en la que vacilaba el apóstol. He aquí lo que quiere decir el Señor: "Yo estoy ciertamente libre de pagar el censo. Porque si los reyes de la tierra no lo cobran de sus propios hijos, sino de los extraños, con mucha más razón he de estar yo libre de esa exigencia, pues yo soy hijo no de un rey terreno, sino del rey de los cielos y rey también por naturaleza". Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 58, 2.

17, 27   Encontrarás un estáter

El pez como figura de la Iglesia. Manifiesta que Él mismo es dueño y Señor del mar, de todo cuanto contiene y de cada uno de sus elementos, como Hijo propio de Dios y del Padre. Efectivamente, este pez se representaba como figura de la Iglesia de otro tiempo, abatida por la salmuera de la falta de fe y de la superstición, sumergida en las profundidades del mar, hundida por la agitación y la tempestad de los placeres mundanos, levantada, en cambio, por el anzuelo de la enseñanza de los apóstoles y por el Verbo que cautiva hacia el conocimiento de Dios, "del que nos llama desde la oscuridad hacia su asombrosa luz". Apolinar de Laodicea, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 88.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p.  93-95
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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