Lo que hace impuro al hombre


10Y después de llamar a la multitud les dijo: "Escuchad y entendedlo bien. 11Lo que entra por la boca no hace impuro al hombre, sino lo que sale de la boca: eso sí hace impuro al hombre". 12Entonces se acercaron los discípulos a decirle: "¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tus palabras?". 13Pero él les respondió: "Toda planta que no plantó mi Padre celestial será arrancada. 14Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo". 15Pedro entonces tomó la palabra y le dijo: "Explícanos esa parábola". 16Él respondió: "¿También vosotros sois todavía incapaces de entender? 17No sabéis que todo lo que entra por la boca pasa al vientre y luego se echa en la cloaca? 18Por el contrario, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impuro al hombre. 19Porque del corazón proceden los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias. 20Estas cosas son las que hacen al hombre impuro; pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre. (Mateo 15, 10-20).

15, 10   Escuchad y entendedlo bien

El Señor no trata de sentar sin más sus afirmaciones, sino que primero hace aceptable su palabra por medio del honor e interés que muestra con las gentes -eso, en efecto, quiere significar el evangelista con la expresión "habiendo llamado"-, y también por el momento en que les habla. Y, en efecto, después de confundir a escribas y fariseos, después de triunfar plenamente sobre ellos y acusarlos con palaras de profeta, entonces empieza Él a promulgar su ley; entonces, cuando mejor podían recibir sus palabras. Y no solamente los llama, sino que excita también su atención, pues les dice: "Escuchad y entended". Es decir, considerad, estad alerta, pues tal es la importancia de la ley que voy a promulgar. Pues si a estos que destruyeron la ley, y la destruyeron fuera de tiempo, por motivo de su tradición, aun así los habéis escuchado, mucho más debéis escucharme a mí, que en el momento debido os quiero levantar a más alta filosofía. Y no dijo: "La observancia de los alimentos no tiene importancia ninguna"; ni tampoco: "Moisés hizo mal en mandarla o la mandó sólo por condescendencia". No, el Señor toma el tono de exhortación y consejo y, fundando su razonamiento en la naturaleza misma de las cosas, dice: "Lo que entra en la boca no mancha al hombre, sino lo que sale de la boca". Tanto en lo que afirma como en lo que legisla, el Señor busca su apoyo en la naturaleza misma. Al oír esto, nada le replican sus enemigos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 3.

15, 11   Lo que sale de la boca

No es lo que entra en la boca lo que hace a uno santo. Con motivo de este texto, alguien podría afirmar que lo mismo que lo que contamina al hombre no es lo que entra en la boca, aunque para los judíos sea impuro, así tampoco lo que entra en la boca es lo que santifica al hombre, aunque se sostenga por parte de los más íntegros que lo que llamamos pan del Señor santifica. No hay que despreciar estas palabras, me parece a mí, y por ello es necesario dar alguna explicación, que, me parece, es la siguiente. Lo mismo que no es el alimento lo que mancha al que come, sino la conciencia de quien come -pues "el que come con duda se mancha porque no actualiza la fe"-, y lo mismo que para quien está contaminado y no tiene fe, ninguna cosa es pura y no por culpa de la cosa misma, sino por estar contaminado y no tener fe, así también "lo que es santificado por la palabra de Dios y mediante la oración" santifica al que usa de ello no forzado por la propia palabra. En efecto, si así fuese, también santificaría incluso al que come indignamente del Señor, y por haber comido de ese alimento ya no habría débil alguno, enfermo o muerto. Esto es lo que dijo Pablo con estas palabras: "Por eso entre vosotros hay muchos débiles y enfermos e incluso algunos han muerto". Ahora bien, respecto al pan del Señor, quien lo usa saca más provecho cuando lo comunica con espíritu limpio y conciencia pura. Orígenes, Comentario al Ev. de Mateo, 11, 14.

15, 12 Los fariseos se han escandalizado

Mas al hablar así, los discípulos no sentían sólo pena por los fariseos, sino que también ellos se hallaban un poco turbados, y no se atrevían a proponer su propio caso, tratan de hallar la solución contando el de los otros. Y que ello sea así, oye cómo luego Pedro, siempre ardiente y anticipándose a los demás, se acerca y le dice: "Explícanos la parábola". Pedro oculta en realidad la turbación de su propia alma y no tiene valor para declarar al Señor que también él está escandalizado, y lo que busca es salir de su turbación por medio de una explicación. De ahí justamente que fuera reprendido. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 4.

15, 13   Toda planta que no plantó mi Padre celestial será arrancada

Y como lo escribas y fariseos, dejando a un lado la ley divina, se habían elevado a una presunción tan grande que no plantaban los mandamientos de Dios sino más bien los suyos, los cuales querían conservar en vez de la ley divina, con razón merecieron ser arrancados también ellos por el Señor junto con esta planta de su doctrina. Y por eso dice el Señor: "Toda planta que no plantó mi Padre celeste será desraizada"; pues no era aquella una planta de Dios, sino de los hombres. Pero no sólo será desraizada por el Señor la inicua planta de los escribas y fariseos, sino la de todos los herejes; pues aunque parezca por un tiempo extender las ramas de la infidelidad, sin embargo no puede tener firmeza, porque aquella planta no es de Dios, sino del diablo; hay que desraizarla del todo y entregarla al fuego perpetuo; no muestra ningún fruto de fe y salvación. Cromacio de Aquileya, Tratado sobre el Ev. de Mateo, 53, 7.

15, 14   Guías de ciegos

"Son ciegos que guían a ciegos". ¿Quiénes? Los fariseos, a quienes "el dios de este mundo ha cegado sus inteligencias", porque son incrédulos, porque no han creído en Jesucristo, y les ha cegado "porque no han irradiado en ellos el esplendor de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo". No sólo hay que evitar el dejarnos guiar por esos ciegos que son conscientes de la necesidad de guías, porque todavía no poseen la facultad de ver por sí mismos, sino también hay que respetar a todos aquellos que se declaran guías con buena enseñanza, prestarles un prudente oído y aportar un correcto juicio sobre lo que dicen, evitando así meternos en esa clase de ignorancia propia de gente ciega y que no ve la realidad de la buena doctrina. Debemos hacer todo eso para no presentarnos como ciegos, si no vemos el sentido de las Escrituras; no sea que ambos, el que guía y el que es guiado, caigan en la fosa de la que hemos hablado anteriormente. Orígenes, Comentario al Ev. de Mateo, 11, 14. 

15, 15-16   Incapaces de entender

El Señor llama "sin entendimiento" a aquellos que dan vueltas en torno a los asuntos del cuerpo, como los fariseos, y nunca han cruzado hacia el hombre interior. En consecuencia, dice, los alimentos tienen que ver con llenar el cuerpo, pero no alcanzan el corazón. Pues lo que no alcanza el corazón no puede profanar al verdadero ser humano ni convertirlo en impuro. Cirilo de Alejandría, Fragmento sobre el Ev. de Mateo, 185.

15, 17   Lo que entra por la boca

Pero lo que dice el Señor: "No mancha al hombre lo que entra en la boca", no lo recibieron sin escándalo los fariseos, como Pedro manifiesta. Porque antaño había mandado Dios a través de Moisés que no todo se empleara para alimento, cuando declara que algunas cosas son puras y otras impuras. Pero hay que indagar por qué antiguamente fueron prohibidas por Dios estas cosas al pueblo. Pues si todas las cosas que fueron creadas por Dios para que se usaran como alimento humano fueron bendecidas ya desde el principio, y ellas mismas permanecen por su parte en la naturaleza en que fueron constituidas, ¿cuál es la causa de que después la ley divina prescribiera al pueblo de los judíos que era lícito comer algunas como puras, pero ilícito comer otras como impuras? En primer lugar no hay duda que este tipo de preceptos los dio el Señor a causa de la lujuria del pueblo judío y de su falta de moderación en el comer. Pues, ya que por su afán por el alimento y el vientre el mismo pueblo había comenzado a hacerse el olvidadizo de los preceptos divinos, fabricándose un cordero en el Horeb, por lo que está escrito: "El pueblo se sentó a comer y beber, y se levantaron para divertirse", por eso fueron prohibidas por el Señor estas cosas necesarias, para que, habiéndosele prohibido los mejores alimentos y castigado la intemperancia de su gula, pudiera más fácilmente ser mantenido en la disciplina de la divina observancia. Además hallamos que estas cosas fueron prohibidas después de la transgresión en que se adoró a un cordero, y respecto a ellas fue proferida por el Señor esta sentencia clemente y moderada, como para condenar a un pueblo todavía inexperto. Y por eso se les dijo, como leemos: "Serán para vosotros impuros". No dice: Son impuros, sino: "Serán". Ni para todos, sino "para vosotros", para mostrar claramente que ni eran ellos mismos impuros, ni iban a ser impuros para otros, sino para ellos solos. Y bien merecieron esta prohibición de muchos alimentos quienes preferían las carnes de Egipto y las calabazas y pepinos al maná celeste. Cromacio de Aquileya, Tratados sobre el Ev. de Mateo, 53, 3.

15, 18   Lo que sale de la boca procede del corazón

El estómago comparado con el corazón. Ya veis con qué vehemencia los reprende. Luego, para curarlos, trata de demostrarles sus palabras por lo que acontece en el común de la naturaleza. Porque cuando les dice que "lo que entra por la boca va aparar al vientre y luego se segrega por la cloaca", todavía les responde el Señor al estilo de la bajeza judaica. Porque quiere decirles que nada de eso permanece dentro, sino que se arroja todo. En realidad, aun cuando permaneciera, tampoco mancharía al hombre. Pero todavía no eran capaces de oír esto. Por eso también Moisés, el legislador, lo deja por todo el tiempo que permanece dentro; no así cuando es tiempo de que salgan a fuera. Así, por la tarde manda que todos se laven y estén limpios, calculando el tiempo de la digestión y de la evacuación. Las cosas, empero, del corazón -dice- permanecen dentro y manchan, no sólo cuando están dentro, sino también cuando salen fuera. Y lo primero que pone son los malos pensamientos, cosa muy judaica. Pero ya no toma su argumentación de la naturaleza de las cosas, sino de lo que engendran el vientre y el corazón y del hecho de que uno permanece y el otro no. Porque lo que de fuera viene, afuera se arroja nuevamente, mas lo que se engendra dentro, al salir mancha, y más precisamente cuando sale. Es que, como antes he dicho, no eran aún capaces de oír esto con la conveniente elevación de ideas. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 51, 4.

15, 19   Los malos pensamientos

"Del corazón, dice, salen los malos pensamientos". Por tanto, la facultad principal del alma no está en el cerebro, como dice Platón, sino, según Cristo, en el corazón. De acuerdo a esto habría que refutar a los que piensan que el diablo inspira pensamientos y que estos nacen de nuestra propia voluntad. El diablo puede contribuir a los malos pensamientos, puede fomentarlos pero no puede ser su autor. Si bien, siempre al acecho, con sus excitaciones transforma en llama la débil chispa de nuestros pensamientos, no debemos pensar sin embargo que puede también sondear los secretos de los corazones. Él conjetura lo que pasa en nuestro interior según nuestras actitudes corporales y nuestros gestos. Por ejemplo, si ve que miramos frecuentemente a una mujer hermosa entiende que nuestro corazón ha sido herido por el dardo del amor. Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo, 2, 15, 19.

15, 20   Estas cosas son las que hacen al hombre impuro

Vemos en qué sentido lo que sale y contamina al hombre, no lo contamina porque salga de la boca, sino porque la causa de la contaminación se encuentra en el corazón...; por tanto, si no salieran del corazón, sino que permanecieran encerradas en alguna parte, sin tener el consetimiento de ser expresadas mediante la boca, desaparecerían rápidamente y el hombre no se contaminaría. En efecto, la fuente y el principio de todo pecado son "las malas intenciones", si éstas no predominaran no tendrían lugar los homicidios ni los adulterios ni cualquier otro pecado de este tipo. Por ello cada uno debe guardar su propio corazón con todo cuidado. Orígenes, Comentario al Ev. de Mateo, 11, 15.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, Vol. 1b,  p. 43-50
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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