el Cordero de Dios y su bautismo



29Al día siguiente vio a Jesús venir hacia él y dijo: "Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 30Éste es de quien yo dije: "Después de mí viene un hombre que ha sido antepuesto a mí, porque existía antes que yo". 31Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel". 32Y Juan dio testimoio diciendo: "He visto el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él. 33Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: "Sobre el que veas que desciende el Espíritu y permanece sobre él, ése es quien bautiza en el Espíritu Santo. 34Y yo he visto y he dado testimonio de que éste es el hijo de Dios". (Juan 1, 29-34)

1, 29   Éste es el Cordero de Dios

LA TAREA PRELIMINAR DE JUAN. Ya no dice: "Preparad el camino" porque esta expresión ya no corresponde con el tiempo, pues ya se ve que está ante los ojos aquel para quien se prepara todo... En efecto, ahora, el verdadero cordero, que había sido prefigurado, es conducido hacia la muerte como ofrenda inmaculada por todos, para alejar el pecado del mundo, para derrotar al exterminador de la humanidad, para abolir la muerte muriendo por todos, para rescatar a los hombres de la maldición... Uno es el cordero que murió por todos, que resacta para Dios Padre a todo el rebaño que hay sobre la tierra. Cirilo de Alejandría, Comentario al Ev. de Juan, 2, 1.

1, 30-31   Para que él sea manifestado a Israel

LOS DESPOSORIOS POR MEDIO DEL BAUTISMO. Eleazar dio a Rebeca como esposa [a Isaac] junto al agua de los pozos; Jacob hizo lo mismo con Raquel y Moisés respecto a Séfora. Todos fueron figuras de nuestro Señor que desposó a su Iglesia en las aguas del Jordán. Lo mismo que Eleazar, junto a la fuente, mostró a Rebeca a su señor Isaac, que avanzaba por el campo a su encuentro, así también Juan, desde la fuente del río Jordán, mostró a nuestro Señor: "Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Efrén de Nisibi, Comentario al Diatessaron, 3, 17.

1, 33   Yo no le conocía

PORQUE JUAN VIVÍA EN EL DESIERTO. Él revela por qué vivía en el desierto. Ciertamente esto sucedió por una providencia especial de Dios, de modo que él no pudiese tener ninguna relación con el Mesías. Y, seguramente, Juan habría tenido tal relación de haber vivido en la ciudad, dado que ellos eran de la misma edad y estaban emparentados. Fácilmente habría surgido la sospecha de que habían testificado aquellas palabras debido al contacto que habían mantenido hasta entonces, tanto por su amistad como por el hecho de estar emparentados. A fin de eliminar tal sospecha, Juan fue apartado desde su adolescencia, madurando en el desierto. Por tanto, con razón dijo: "Yo no le conocía". Yo no tengo ni parentesco ni amistad con Él, pero fui enviado a bautizarle con agua, para dar a conocer a Aquel que yo no conocía. Él pone de manifiesto claramente que bautizaba para que todos los judíos que venían a bautizarse tuvieran la ocasión de oír su doctrina y ver a Aquel de quien testificaba. Teodoro de Mopsuestia, Comentario al Ev. de Juan, 1, 1, 33.

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 4a, p. 128-138
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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el Verbo habitó entre nosotros



14Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad. (Juan 1, 14)

1, 14a   El Verbo se hizo carne

EL ALTÍSIMO ELEVA A LOS HUMILDES HASTA SU NIVEL. Después de haber afirmado que quienes lo recibieron son hijos de Dios y nacidos de Dios, nos señala la causa de este honro inefable: el hecho de que el Verbo se hizo carne y de que el dueño asumiera la condición de esclavo. Siendo Hijo de Dios se hizo del hombre para lograr así que los hombres llegaran a ser hijos de Dios. Un ser sublime que entra en contacto con un ser humilde, no por ello padece daño ninguno en su reputación, sino que eleva en su dignidad a ese ser humilde. Tal es lo sucedido con Cristo. Con su abajamiento, en nada ha disminuido Él su naturaleza divina, sino qe nos ha elevado a nosotros, que desde siempre vivíamos en la ignominia y en las tinieblas, siendo ahora levados hasta una gloria inefable. No comete el rey ninguna acción vergonzosa cuando benignna y afablemente habla con un pobre mendigo, sino que convierte a éste en ilustre y famoso ante todos. Y si en el campo de las efímeras dignidades humanas, la familiaridad concedida a quien se halla en una condición social más humilde en nada perjudica la reputación, tanto menos perjudicará aquella inmortal y bienaventurada sustancia que nada tiene en sí de efímero, nada que ahora sea y luego no, siendo sólo perfecciones y prerrogativas siempre inmutables e inalterables por toda la eternidad. Por eso no debéis turbaros ni quedar dudosos cuando escuchéis que "el Verbo se hizo carne". No es que degenerará en carne -sólo pensarlo sería una impiedad-, sino que, permaneciendo lo que era, asumió la condición de siervo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 11, 1.   

1, 14b   Y habitó entre nosotros

LA PALABRA ES EMMANUEL. Está escrito, dicen, que "el Verbo se hizo carne". Que está escrito no lo niego. Pero considera lo que sigue, pues dice: "Y habitó entre nosotros". Aquel Verbo que tomó carne, éste habitó entre nosotros; esto es, habitó en carne humana, y por eso se llamó "Emmanuel", es decir Dios con nosotros. Por tanto eso de que el Verbo se hizo carne vale por "se hizo hombre", como también en Joel se dice: "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne". Pero no se promete que se va a derramar la gracia espiritual sobre la carne irracional, sino sobre los hombres. Ambrosio, El misterio de la Encarnación del Señor, 6, 59.

1, 14c   Hemos visto su gloria

LA GLORIA DE LA TRANSFIGURACIÓN. En su misericordia, Cristo se sirvió de nuestro cuerpo para que nosotros soportemos su vista y entendamos su palabra y no suframos lo que sufrieron los principales discípulos en la montaña, a quienes les pudo el estupor, cuando brilló la gloria del cuerpo que descendió hasta ellos; le admiraron y quedaron estupefactos de su gloria... Esto sucedió para que nosotros aprendamos por qué [Cristo] apareció sin gloria y vino en un cuerpo. Si entonces no vieron su divinidad con claridad, sino solamente un poco de su gloria en el cuerpo con el que había descendido hasta ellos... ¿cómo íbamos a ser instruidos nosotros por la lengua de quien no tiene lengua? ¿Cómo veríamos nosotros los milagros de aquel que no se ve? Efrén de Nisibi,  Comentario al Diatessaron, 14, 7

La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 4a, p. 95-102
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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