revelación de la gracia divina



13"Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del hombre, 15para que todo el que crea tenga vida eterna en él".
16Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17Pues Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. 19Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. 21Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios. (Juan 3, 13-21)

3, 13   Nadie ha subido al cielo

EN AMBAS NATURALEZAS. En cuanto hombre estaba en la tierra, no en el cielo, donde está ahora... y, sin embargo, en cuanto a Hijo de Dios estaba en el cielo, y en cuanto a Hijo del hombre estaba en la tierra, y no había subido aún al cielo. Asímismo, en cuanto a Hijo de Dios es Señor de la gloria, y en cuanto Hijo del hombre fue crucificado. Agustín, Cartas, 187, 3, 9.

3, 14    Así debe ser levantado el Hijo del Hombre

LA CRUZ COMO FUENTE DE BAUTISMO. Habiendo dicho a los hombres que el bautismo es la mayor de las gracias que les ha sido concedida, añade cuál es la causa de ello, que consiste en otra gracia no menor, a saber, la de la cruz... Estos beneficios son los que, de un modo especialísimo, revelan el inefable amor de Dios por nosotros: que sufrió por sus enemigos y que, tras haber muerto por ellos, les otorgó una completa remisión de sus pecados mediante el bautismo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 27, 1.

3, 15-16   Para que todo el que cree en él no perezca

LA PASIÓN ES FUENTE DE VIDA. Dice que quien es entregado es el Hijo de Dios, el mismo autor de la vida eterna. Quien mediante su muerte habría de dar a los demás la vida, no era posible que estuviera sometido a la muerte largo tiempo. Si no perecen quienes creen en el crucificado, ¿cómo habría de perecer Él mismo, por muy crucificado que fuera? Quien es capaz de librar a los demás de la destrucción, con mucho mayor motivo será fuente de vida para sí mismo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 27, 2.

3, 17    Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo

RECHAZAR LA AYUDA DEL MÉDICO. El médico en cuanto tal viene a curar al enfermo. Quien se niega a observar las prescripciones del médico se da muerte a sí mismo. El Salvador ha venido al mundo. ¿Por qué se llama Salvador del mundo, sino para que lo salve? Agustín, Tratados sobre el Ev. de Juan, 12, 12.

3, 18   Quien no cree ya está juzgado

LA FALTA DE FE ES EN SÍ MISMA EL CASTIGO. El Salvador dice eso porque la misma incredulidad es ya un castigo, cuando es obstinada y sin ninguna reconsideración, por cuanto el hecho mismo de estar privado de luz constituye ya un grave castigo. Y también porque prefigura un hecho venidero. El incrédulo es como el homicida, quien aunque no sea castigado por el juez, lo es por la propia naturaleza de su delito. En ese sentido, Adán murió el mismo día en que comió del árbol. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Juan, 28, 1.

3, 21   Para que sus obras se pongan de manifiesto

NO SON NUESTROS PROPIOS MÉRITOS. Él declara que las obras del que viene a la luz están hechas en Dios, porque entiende que su justificación no se debe a méritos propios, sino a la gracia divina. Agustín, Sobre los méritos y remisión de los pecadores y el bautismo de los niños, 1, 32, 62.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 4a, p. 191-203
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

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