la gran desolación



15"Por eso, cuando veáis la abominación de la desolación, que predijo el profeta Daniel, erigida en el lugar santo -quien lea, entienda-, 16entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; 17quien esté en el terrado, que no baje a tomar nada de su casa; 18y quien esté en el campo, que no vuelva atrás para tomar su manto. 19¡Ay de las que estén encintas y de las que estén criando esos días! 20Rogad para que vuestra huida no ocurrra ni en invierno ni en sábado. 21Habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22Y de no cortarse esos días, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos esos días se acortarán. 23Entonces, si alguien os dijese: "Mirad, el Cristo está aquí o allí", no le creáis. 24Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y se presentarán con grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos. 25Mirad que os lo he predicho. 26Y si os dijeran que está en el desierto, no vayáis; o que está en un lugar oculto, no os lo creáis. 27De la misma manera que el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. 28Donde quiera que esté el cadáver allí se reunirán los buitres" (Mateo 24, 15-28) 

24, 17   Quien esté en el terrado

EL TERRADO Y EL CAMPO. El terrado es la cúspide de una casa, el punto más alto que completa una habitación. En efecto, no se podrá decir que una casa está acabada sino tiene terrado. Por tanto, el que se encuentra en la cúspide de su casa, es decir, en el estado perfeto de su cuerpo, renovado por la regeneración, elevado por el espíritu, hecho perfecto por el don divino, no deberá descender a un palno más bajo por el deseo de los bienes del mundo ni descender de la altura de su techo reclamado por los placeres de su cuerpo.
"Y si se encuentra en el campo, que no vuelva a recoger su túnica". Es decir, si está ocupado en cumplir los mandamientos, que no vuelva a las preocupaciones anteriores, que no desee cubrir su cuerpo con cualquier vestido, si a causa de ello debe volver a tomar la túnica de los viejos pecados con los que estaba vestido antes. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 25, 5.

24, 19   ¡Ay de las que estén en cintas!

EMBARAZO, LACTANCIA Y FUGA ESPIRITUAL. No hay que creer que cuando el Señor ha dicho: "¡Ay de las que estén en cintas!" ha sido por llamar nuestra atención sobre dificultad de las mujeres encintas, sino que ha pretendido mostrar la opresión de las almas empecatadas, impedidas por su condición a huir de la tempestad de la ira a ellas reservada, tanto si se encuentran en el terrado como si se hayan en el campo. En fecto, es natural que el dolor acompañe al nacimiento y que no venga al mundo una criatura si no es con el esfuerzo de todo el cuerpo. Por eso, las almas que se encuentren en esa situación serán mantenidas en su carga y en su dolor.
"¡Ay de las que estén criando!". La infancia que no necesita ya nada de la leche no es menos incapaz a la fuga que la que se alimenta todavía de leche. Y si la diferencia de edad y de tiempo entre los que se alimentan de leche y los que no, carece de importancia, ¿por qué entonces se dice: "¡Ay de los que son amamantados!" Ciertamente, también en este caso el Señor muestra la debilidad de las almas que, respecto al conocimiento de Dios, crecen como con la leche y que, privadas de la fuerza del alimento perfecto, no tienen sino un regusto débil y pequeño del conocimiento de Dios. Así pues, ¡ay de esas almas! Porque al no haber evitado los pecados y no haber recibido el alimento del verdadero pan, se encontrarán pesadas para huir del Anticristo y sin experiencia para enfrentarse a él. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev.de Mateo, 76, 1.

24, 20   Vuestra huida

UN INVIERNO DE MALES. Quizás este dicho constituye un enigma, de manera que nos aconseja rezar para que nuestra partida de este cuerpo no ocurra durante el descanso de las buenas acciones, que es lo que significa el sábado, ni en tiempo de barbecho que es el invierno. Es notable, sin embargo, que Dios no creó el invierno de las desgracias. Estamos en invierno cuando las pasiones de la carne nos dominan. Cirilo de Alejandría, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 269. 

24, 21   Una gran tribulación

ORAD DURANTE LA GRAN TRIBULACIÓN. Rogad para que vuestra huida no tenga lugar en sábado ni en invierno. Porque habrá tribulación cual no la hubo en el pasado ni la habrá en lo venidero. Y nadie piense que esto se dice hiperbólicamente. Léase a Josefo y se verá la exactitud de las palabras del Señor. Porque no puede nadie objetar que se trate de un escritor cristiano que, para confirmar la profecía, exageró la tragedia. No. Josefo fue judío, y muy judío; un celotes de los que vivieron después del advenimiento de Cristo. ¿Qué cuenta, pues, Josefo? Que aquellas calamidades superaron a toda tragedia y que jamás hubo guerra como la que entonces tuvo que sufrir su nación. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 76, 1. 

24, 28   Allí se reunirán los buitres

DONDE QUIERA QUE ESTÉ EL CADAVER. A partir del ejemplo que vemos diariamente en la naturaleza somos instruidos sobre el misterio de Cristo. Se dice que las águilas y los buitres sienten el olor de los cadáveres aun a través de los mares y se reúnen alrededor de semejante comida. Si las aves irracionales perciben por instinto natural dónde yace un cadáver, aunque estén separadas de él por vastas extensiones de tierra y por las aguas del mar, cuánto más nosotros y toda la multitud de los creyentes debemos apresurarnos a salir al encuentro de aquel cuyo resplandor parte del oriente y se ve hasta el occidente.
Por cuerpo, es decir ptóma -que en latín más expresivamente se dice cadaver porque cae (cadit) por efecto de la muerte- podemos entender la pasión de Cristo, hacia la cual somos invitados a acudir reuniéndonos en todas partes donde se la menciona en la Escritura, y por ella podemos tener acceso al Verbo de Dios, según aquello: "Taladraron mis manos y mis pies" y lo de Isaías: "Como una oveja conducida al matadero" y otros pasajes semejantes. El nombre de águila se le da a los santos, cuya juventud se renueva como la del águila y, según Isaías, se cubrirán de plumas y les nacerán alas para acudir a la pasión de Cristo. Jerónimo, Comentario al Ev. de Mateo, 4, 24, 28.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 1b, p. 239-248
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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