la estrella de Belén




9Ellos, después de oír al rey, se pusieron en marcha. Y entonces, la estrella que habían visto en el Oriente se colocó delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. 10Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. 11Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrándose le adoraron; luego, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. 12Y, después de recibir en sueños aviso de no volver a Herodes, regresaron a su país por otro camino. (Mateo 2, 9-12)

2, 9   La estrella se colocó delante de ellos

UNA CASA NORMAL, PERO NO UNA CASA COMÚN. "Y he aquí que la estrella que habían visto en Oriente los iba guiando". Precisamente se les había ocultado para que, al hallarse sin guía, no tuvieran otro remedio que preguntar a los judíos, y quedara así manifiesto a todos el nacimiento de Cristo. Por eso, una vez que habían preguntado y tenido a los judíos por maestros, la estrella se le aparece nuevamente, y consideran aquí la más cabal conexión de los sucesos. Después de la estrella, los recibe el pueblo y el rey de los judíos, y éstos aducen el testimonio del profeta, que esclarece lo sucedido. Después del profeta, es un ángel quien los toma y les enseña todo; pero, entre tanto, de Jerusalén a Belén caminan bajo la guía de la estrella. Ésta, en efecto, se puso desde allí en camino con ellos. Prueba de que no era una estrella ordinaria. Realmente no hay una estrella de esa naturaleza. Porque no sólo se puso en camino, sino que los iba guiando, atrayéndolos y conduciéndolos como de la mano, a un pleno día. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 7, 3. 

2, 10   Se llenaron de inmensa alegría

CON GRAN ALEGRÍA. "Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría", puesto que su esperanza no se había visto frustrada, sino que había sido ampliamente confirmada, viendo que no habían emprendido camino fatigoso sin motivo. En la señal de la estrella, que de nuevo se les aparecía a tiempo, entendían que aquel nacimiento del Rey se les daba a conocer por inspiración divina. Y por la estrella misteriosa entendían que la dignidad del Rey que había nacido sobrepasaba la medida de todos los reyes del mundo; necesariamente habían de pensar que aquel rey superaba en gloria a la estrella que de modo tan fiel le honraba. ¿Cómo no iban a creer que debían sometérsele los hombres, si estaban viendo que hasta las glorias del cielo se le rendían? ¿ O cómo podía la tierra oponerle resistencia, si hasta el cielo le servía? Anónimo, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 2. 

2, 11   Postrándose le adoraron

BARRUNTOS DIVINOS. "Y le adoraron". ¿Piensas que habrían adorado a un niño incapaz de comprender el honor de la adoración, si no hubieran visto en él algo divino? Luego no adoraron a un niño que no entendía nada; adoraron su divinidad, que lo conoce todo. Hasta la calidad especial de los regalos que le ofrecieron dan testimonio de que algún barrunto o indicio tenían de la divinidad del niño. Anónimo, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 2. 

2, 12   Aviso de no volver a Herodes

MARCHARON POR OTRO CAMINO. ¡Qué fe la de los Magos! No replicaron al ángel que les avisaba, diciendo: Al venir hemos recorrido un largo camino, y no hemos sentido miedo e paso por muchas ciudades; no nos hemos aterrado ante un rey terrible que las domina, sino que nos hemos detenido para descansar y hemos hablado confiadamente del rey que ha nacido; le hemos ofrecido los dones que le corresponden como a Dios; ¿y nos mandas ahora irnos en secreto, como si fuéramos siervos, alterando la ruta de venida y de retorno?
Como eran fieles convencidos, ni antes temieron que los conocieran, ni se avergonzaron ahora de regresar sin que los vieran. Lo que no podía ser es que, los que habían llegado hasta Cristo con la intervención de Herodes, volvieran a Herodes. Los que abandonan a Cristo y se van a Herodes, bastantes vuelven luego a Cristo; pero los que abandonan a Herodes para ir a Cristo, de corazón, jamás retornan a Herodes. Quiero decir: los que se pasan al diablo por el pecado abandonan a Cristo, frecuentemente vuelven a Cristo mediante la penitencia; en cambio, los que abandonan al diablo y vienen a Cristo, difícilmente retornan al diablo. La razón está en que, quien no ha conocido el mal, porque su vida ha sido inocente, como no sabe lo que es el mal, se deja engañar con facilidad y se pasa al diablo; pero, tan pronto encuentra el mal y lo expermenta, con el recuerdo del bien que perdió, retorna compugido a Dios, de quien se apartó. A su vez, quien vivió mal y se convirtió al bien, con el gozo del bien que ha encontrado y el recuerdo del mal que dejó, difícilmente retorna al mal. Anónimo, Obra incompleta sobre el Ev.d de Mateo, 2.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 1a, p. 67-72
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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el único temor



 26"No tengáis miedo, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. 27Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. 28No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder el alma y el cuerpo en el infierno. 29¿No se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. 30En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. 31Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos". (Mateo 10, 26-31)

10, 26   No les tengáis miedo

EL JUICIO LO DESCUBRIRÁ TODO. Se refiere al día del juicio, que sacará a la luz el secreto de conciencia de nuestra voluntad, y al gran día claro como la luz que descubrirá lo que ahora pasa oculto. Así nos recuerda que no hay que temer las amenazas, ni las intenciones, ni el poder de los perseguidores, porque el día del juicio pondrá al descubierto la inconsistencia e inutilidad de todo eso. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 10, 16.

10, 27   Decidlo a plena luz

PROCLAMAR LO OCULTO. Nosotros no leemos que el Señor tenga costumbre de hacer declaraciones durante la noche y de transmitir sus enseñanzas entre tinieblas. Más bien todos sus discursos son como tinieblas para los hombres carnales y su palabra es como noche para los que no tienen fe; cada uno debe anunciar mediante una confesión de fe libre lo que ha dicho. Por eso Cristo manda predicar en la luz lo que ha dicho en las tinieblas, para que lo que se ha confiado secretamente al oído se entienda en las techumbres, o sea, mediante una proclamación que se eleva desde la boca del que habla. Hilario de Poitiers, Sobre el Ev. de Mateo, 10, 17

10, 28   Temed ante todo al que puede hacer perder el alma y cuerpo

LA DESTRUCCIÓN EN EL INFIERNO. Con la gehnna se está enfatizando el castigo eterno. Diciendo "gehnna" se significa la sentencia que aguarda a quienes reciben la retribución por haber nacido. 
Por medio de los nombres Jesús mostró que hay una gran diferencia de modo. A quí dice: "de los que matan", pero allí "de quienes destruyen" sin que haya aún salvación. Teodoro de Mopsuestia, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 56. 

10,  30-31   Vosotros valéis más que muchos pajarillos

SIN MIEDO. Como si dijera: ¿Qué cosa de menos valor que unos pajarillos? Y, sin embargo, ni ésos serán cogidos en el lazo sin conocimiento de vuestro Padre. No dice que sea Dios quien los haga caer en el lazo, pues eso sería indigno de Dios, sino que nada de cuanto acontece le pasa inadvertido. Si, pues, Dios no ignora nada de eso y a vosotros os ama con más sincero amor que el de un padre, y hasta tal punto os ama que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza, no hay motivo para que temáis. Mas tampoco quiso decir que Dios cuente realmente uno por uno nuestros cabellos. Con estas palabras quiso el Señor ponerles de manifiesto el cabal conocimiento y la grande providencia que de ellos tenía. Si, pues, Él sabe todo lo que nos pasa y puede y quiere salvaros, sufráis lo que sufráis, no penséis que lo sufrís por estar abandonados de Él. Realmente, no quiere el Señor librar a los suyos de sufrir, sino enseñarles a menospreciar el sufrimiento, pues ésa es, sin duda, la más cabal liberación del sufrimiento. "No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos". ¿Veis cómo ya el miedo se había apoderado de los apóstoles? Bien conocía el Señor los secretos de su alma. De ahí que prosiguiera: "No los tamáis, pues". Aun cuando lleguen a dominaros, solo dominaran lo que hay inferior en vosotros, es decir, vuestro cuerpo. Y éste, aun cuando no lo mataran vuestros enemigos, la naturaleza vendrá sin remedio a arrebatároslo. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 34, 2.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 1a, p. 277-282
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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Jesús cura a las gentes



23Recorría Jesús toda Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo. 24Su fama se extendió por toda Siria; y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. 25Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán. (Mateo 4, 23-25)

4, 23   Predicando... y curando

LAS CURACIONES DE JESÚS PROFETIZADAS. Y había anunciado antes Isaías que esto iba a ocurrir, cuando dice: "Él mismo tomará nuestras dolencias y curará nuestra enfermedad" Pues para esto en efecto había venido Cristo Señor, maestro de vida y médico celeste, para instruir a los hombres para la vida con su enseñanza y sanar la enfermedad del cuerpo y del alma con una medicina celeste; para liberar los cuerpos asediados por el diablo y devolver a la verdadera y completa salud a los que se fatigan con dolencias varias. Pues curaba las enfermedades corporales con la palabra del poder divino y sanaba las heridas de las almas con la medicina de la enseñanza celeste. David muestra claramente que estas heridas del alma sólo pueden ser tratadas por Dios, diciendo: "Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios". Y añadió: "Él, que es propicio con todas tus inquietudes, que sana tus dolencias". Por tanto, el verdadero y perfecto médico es aquel que no sólo concede la salud del cuerpo, sino que restituye la salvación del alma, el Señor y Salvador nuestro. Cromacio de Aquileya, Comentario al Ev. de Mateo, 16, 4.

4, 24   Le traían a todos los que se sentían mal

LA FUENTE DE LOS MALES ABIERTA. Ahora, apenas nos aqueja una enfermedad corporal, no dejamos piedra por remover hasta vernos libre de su molestia; estando, en cambio, enferma nuestra alma, todo son vacilaciones y aplazamientos. De ahí que no nos libramos ni de unas ni de otras, pues convertimos lo necesario en accesorio, y lo accesorio en necesario. Dejamos abierta la fuente de los males y pretendemos que estén limpios los arroyos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 14, 3.

4, 25   Le seguían grandes multitudes

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A SEGUIRLO. Sigámoslo, pues, también nosotros. A la verdad, grandes son las enfermedades que aquejan nuestra alma, y éstas son las que principalmente quiere el Señor curar. Y hasta, si cura las del cuerpo, es porque quiere desterrar las del alma.
Acerquémonos, pues, a Él y no le pidamos nada temporal. Pidámosle sólo el perdón de nuestros pecados. Porque también ahora lo concede con tal que lo pidamos fervorosamente. Su fama se extendió por toda Siria, ahora se ha extendido por toda la tierra. Aquéllos, apenas oyeron que curaba a los endemoniados, corrieron a Él en masa; y tú, que has recibido más y mayores pruebas de su poder ¿no te levantas y echas también a correr?
Aquellos abandonaron su patria, sus amigos y parientes: ¿y tú no quieres dejar ni una casa siquiera para acercarte a Él y alcanzar bienes mayores? O, mejor decir, ni siquiera te exigimos que dejes tu casa. Basta que dejes tu mala costumbre y, sin salir de casa, en compañía de los tuyos, podrás salvarte fácilmente. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 14, 30.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 1a, p. 124-127
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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