Jesús cura a las gentes



23Recorría Jesús toda Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo. 24Su fama se extendió por toda Siria; y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. 25Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán. (Mateo 4, 23-25)

4, 23   Predicando... y curando

LAS CURACIONES DE JESÚS PROFETIZADAS. Y había anunciado antes Isaías que esto iba a ocurrir, cuando dice: "Él mismo tomará nuestras dolencias y curará nuestra enfermedad" Pues para esto en efecto había venido Cristo Señor, maestro de vida y médico celeste, para instruir a los hombres para la vida con su enseñanza y sanar la enfermedad del cuerpo y del alma con una medicina celeste; para liberar los cuerpos asediados por el diablo y devolver a la verdadera y completa salud a los que se fatigan con dolencias varias. Pues curaba las enfermedades corporales con la palabra del poder divino y sanaba las heridas de las almas con la medicina de la enseñanza celeste. David muestra claramente que estas heridas del alma sólo pueden ser tratadas por Dios, diciendo: "Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios". Y añadió: "Él, que es propicio con todas tus inquietudes, que sana tus dolencias". Por tanto, el verdadero y perfecto médico es aquel que no sólo concede la salud del cuerpo, sino que restituye la salvación del alma, el Señor y Salvador nuestro. Cromacio de Aquileya, Comentario al Ev. de Mateo, 16, 4.

4, 24   Le traían a todos los que se sentían mal

LA FUENTE DE LOS MALES ABIERTA. Ahora, apenas nos aqueja una enfermedad corporal, no dejamos piedra por remover hasta vernos libre de su molestia; estando, en cambio, enferma nuestra alma, todo son vacilaciones y aplazamientos. De ahí que no nos libramos ni de unas ni de otras, pues convertimos lo necesario en accesorio, y lo accesorio en necesario. Dejamos abierta la fuente de los males y pretendemos que estén limpios los arroyos. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 14, 3.

4, 25   Le seguían grandes multitudes

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A SEGUIRLO. Sigámoslo, pues, también nosotros. A la verdad, grandes son las enfermedades que aquejan nuestra alma, y éstas son las que principalmente quiere el Señor curar. Y hasta, si cura las del cuerpo, es porque quiere desterrar las del alma.
Acerquémonos, pues, a Él y no le pidamos nada temporal. Pidámosle sólo el perdón de nuestros pecados. Porque también ahora lo concede con tal que lo pidamos fervorosamente. Su fama se extendió por toda Siria, ahora se ha extendido por toda la tierra. Aquéllos, apenas oyeron que curaba a los endemoniados, corrieron a Él en masa; y tú, que has recibido más y mayores pruebas de su poder ¿no te levantas y echas también a correr?
Aquellos abandonaron su patria, sus amigos y parientes: ¿y tú no quieres dejar ni una casa siquiera para acercarte a Él y alcanzar bienes mayores? O, mejor decir, ni siquiera te exigimos que dejes tu casa. Basta que dejes tu mala costumbre y, sin salir de casa, en compañía de los tuyos, podrás salvarte fácilmente. Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 14, 30.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 1a, p. 124-127
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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