El Verbo habitó entre nosotros



14Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Juan 1, 14)

1, 14a   El Verbo se hizo carne

LA PALABRA SE MANIFESTÓ COMO CARNE. Nuestro verbo se hace en cierto modo voz del cuerpo al convertirse en palabra para poder manifestarse a los sentidos del hombre, como el Verbo de Dios se hizo carne tomando nuestra vestidura para poder manifestarse a los sentidos de los hombres. Y así como nuestro verbo se hace voz sin mudarse en palabra, así "el Verbo de Dios se hizo carne" sin convertirse en carne. Al asumir lo sensible sin ser por él absorbido, nuestro verbo se hace palabra y el Verbo se hizo carne. AGUSTÍN, Sobre la Santísima Trinidad, 15, 11, 20.

1, 14b   Y habitó entre nosotros

LA PALABRA ES EMMANUEL. Está escrito, dicen, que "el Verbo se hizo carne". Que está escrito no lo niego. Pero considera lo que sigue, pues dice: "Y habitó entre nosotros". Aquel Verbo que tomó carne, éste habitó entre nosotros; esto es, habitó en carne humana, y por eso se llamó "Emmanuel", es decir, Dios con nosotros. Por tanto eso de que el Verbo se hizo carne vale por "se hizo hombre", pero como también en Joel se dice: "Derramé mi Espíritu sobre toda carne". Pero no se promete que se vaya a derramar la gracia espiritual sobre la carne irracional, sino sobre los hombres. AMBROSIO, El misterio de la Encarnación del Señor, 6, 59

1, 14c   Y hemos visto su gloria

LA GLORIA DE LA TRANSFIGURACIÓN EN SU MISERICORDIA. Cristo se sirvió de nuestro cuerpo para que nosotros soportemos su vista y entendamos su palabra y no suframos lo que sufrieron los principales discípulos en la montaña, a quienes les pudo el estupor, cuando brilló la gloria del cuerpo que descendió hasta ellos; le admiraron y quedaron estupefactos de su gloria... Esto sucedió para que nosotros aprendamos por qué [Cristo] apareció sin gloria y vino en un cuerpo. Si entonces no vieron su divinidad con claridad, sino solamente un poco de su gloria en el cuerpo con el que había descendido hasta ellos... ¿cómo íbamos a ser instruidos nosotros por la lengua de quien no tiene lengua? ¿Cómo veríamos nosotros los milagros de aquel que no se ve? EFRÉN DE NISIBI, Comentario al Diatessaron, 14, 7.


La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 4a, pp. 95-102
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez 

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