La mujer samaritana



7Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: "Dame de beber"; 8sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos. 9Entonces le dijo la mujer samaritana: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?, porque los judíos no se tratan con los samaritanos. 10Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva". 11La mujer le dijo: "Señor, no tienes nada con qué sacar agua, y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva? 12¿O es que eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?". 13"Todo el que bebe de este agua tendrá sed de nuevo -respondió Jesús-, 14pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna". 15Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla", le dijo la mujer. (Juan 4, 7-15)

4, 7    Una mujer de Samaría

LA MUJER ES LA IGLESIA. Es un símbolo de la realidad la venida de esta mujer extranjera, que era figura de la Iglesia, porque se formaría de los gentiles, gente extraña a los judíos. Oigámonos, pues, nosotros en ella, y reconozcámonos en ella, y en ella demos gracias también a Dios por nosotros. AGUSTÍN, Tratados sobre el Ev. de Juan, 5, 10. 

4, 8    Sus discípulos se habían marchado

COMO UN CAZADOR, JESÚS ACUDE AL POZO. Nuestro Señor se acercó a la fuente como un cazador: solicita agua para poder regalarla. Pide de beber como una persona que tiene sed. Hace una pregunta a la samaritana, para poder enseñarle y, a la vez, la mujer le hace otra pregunta. Aunque era rico, nuestro Señor no se avergonzó de mendigar como un indigente, para enseñar a la indigencia misma a pedir. Dominando el pudor, no tiene miedo de hablar con una mujer a solas, para que yo aprenda que el que se fundamenta en la verdad no puede ser confundido. "Se sorprendieron de que estuviera hablando con una mujer". Él había apartado a sus discípulos, para que no cazaran su presa; lanza un cebo a la paloma, esperando también ganar toda una bandada. Inicia la conversación mediante una pregunta, con la finalidad de provocar una respuesta sincera: "Dame de beber". Solicita agua, y a continuación promete el agua de la vida; pidió y después deja de pedir, lo mismo que la mujer abandonó su cántaro. Cesaron los pretextos, porque se hacía presente la verdad que los había preparado. EFRÉN DE NISIBI, Comentario al Diatessaron, 12, 16.

4, 9    ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí?

CRISTO ANULA LA LEY CEREMONIAL PARA SIEMPRE. ¿Cómo Jesús le pide de beber, cuando la ley no lo permitía? Si alguien contestara: "Porque sabía de antemano que no le iba a dar", esto sería suficiente para no pedirla. ¿Qué puede decirse entonces? Que le era indiferente rechazar semejantes prescripciones. Él induce a otros a abrogarlas, no tendrá inconveniente en transgredirlas Él mismo. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Juan, 31, 4.

4, 10a    El don de Dios

SED SACIADA POR EL ESPÍRITU SANTO. Pide agua y promete agua. Se muestra como uno necesitado de recibir y, al mismo tiempo, se manifiesta como uno desbordante para saciar. "¡Si te dieses cuenta, dice, del don de Dios!". El don de Dios es el Espíritu Santo. AGUSTÍN, Tratados sobre el Ev. de Juan, 15, 12.

4, 10b     Agua viva

EL AGUA VIVA NO SE ESTANCA. Vulgarmente agua viva es la que sale de una fuente; pues el agua de lluvia que se recoge en las lagunas o cisternas, no se llama agua viva. Como tampoco es agua viva si mana de una fuente y es recogida en algún depósito sin comunicación alguna con la fuente, sino incomunicada y como separada del manantial. Agua viva es la que se coge del manantial mismo. Así era el agua de aquella fuente o pozo. AGUSTÍN, Tratados sobre el Ev. de Juan, 15, 12.

4, 11    El pozo es hondo

UN AGUA REFERSCANTE PENETRA EN NUESTRAS MENTES. El pozo era hondo y antes de la venida del Señor nadie podía sacar agua para beber, si no tenía recipiente. El Señor que es la fuente viva, vino para lavar los corazones de todos, para apagar la sed, para saciar las ansias, no en busca de un recipiente, sino entrando libremente en el alma de cada uno. CESÁREO DE ARLÉS, Sermones, 170, 4.

4, 12     ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob?

JESÚS ES MÁS GRANDE QUE JACOB. Cuando ella le replicó: "¿Eres tú más grande que nuestro padre Jacob?", no le contestó: "Si, soy más grande". Habría parecido jactancioso, pues aún no había una demostración evidente. A pesar de lo cual, prepara la situación con sus palabras... "Si admiras a Jacob -dice- porque te dio esta agua, yo te daré una mejor que ésta"... Compara un agua y otra desde la superioridad de una de ellas y no desde el descrédito de la otra. No dice que esa agua sea insignificante, que no tenga ningún valor o sea despreciable. Subraya lo que la naturaleza misma testimonia: "Todo el que bebe de esta agua tendrá de nuevo sed". JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Juan, 32, 1.

4, 13    El que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo

LOS PLACERES DEL MUNDO JAMÁS SACIAN NUESTRA SED. No hay que dejar de lado que lo que prometía el Señor era cosa espiritual. ¿Qué significan estas palabras: "El que beba de esta agua volverá a tener sed". Esto es verdad lo mismo de esta agua que de lo que esta agua significa. Porque el agua en lo profundo del pozo son los palaceres del siglo dentro de las profundidades tenebrosas. De aquí las sacan los hombres con el cántaro de las concupiscencia. En efecto, los hombres con la concupiscencia, bajan hasta el fondo para sacar de esas profundidades el placer y gozarlo, adelantándose la concupiscencia. Porque, si ésta no va delante, nadie puede llegar al placer. Cuando alguien se llega al placer de este siglo, que es el manjar, y la bebida, y los baños, y los espectáculos, y el comercio carnal, ¿por ventura no volverá ya a tener sed? El que bebe de esta agua volverá a tener sed; más, si la recibe de mí, no volverá a tener sed jamás. "Seremos saciados -dice [el salmista]- con los bienes de su casa". ¿Qué agua es esta que nos promete? Sin duda, aquella de la que dijo: "En ti está la fuente de la vida".
¿Cómo es posible que tengan sed los que serán saciados con la abundancia de tu casa? AGUSTÍN, Tratados sobre el Ev. de Juan, 15, 16.

4, 14    Agua que salta hasta la vida eterna

LA INMORATILIDAD Y EL ESPÍRITU SANTO. Ese agua sensible -dice- puede apagar un poco el deseo, mientras que la invisible cura la sed, pues no hay nada más necesario a los hombres que la sed de vida; así les introduce en la inmortalidad. Lo que sigue demuestra con claridad que les promete el Espíritu Santo, pues el agua espiritual de la que aquí habla se corresponde con el agua corporal que se menciona... El Espíritu de la Sabiduría, que siempre está presente, se da libremente en abundancia. APOLINAR DE LAODICEA, Fragmentos sobre el Ev. de Juan, 17.

4, 15    Dame de esa agua, para que no tenga sed

YA NO ES NECESARIO FATIGARSE. Todavía, sin embargo, sigue aquella mujer pensando carnalmente. Cosa deleitable es para ella no tener ya sed jamás, y creía que esto era lo que prometía el Señor según la carne. Ciertamente que esto se realizará, pero será en la resurrección de los muertos, mientras que ella lo quería ya ahora. En cierta circunstancia Dios concedió a su siervo Elías que no tuviera sed ni hambre durante cuarenta días. Él pudo conocer esto durante cuarenta días, ¿no lo podrá conocer siempre? Ella lo deseaba con ansia; no quería tener esa necesidad; no quería trabajar. Necesitaba venir ella todos los días a este pozo y volver cargada con el cántaro para apagar su sed... La necesidad la obligaba al trabajo, que su flaqueza rehusaba. ¡Ojalá hubiera oído: "Venid a mí todos los que trabajáis y estáis cargados, y yo os aliviaré"! Pues Jesús se lo decía a ella, para que no trabajase ya más; pero ella aún no caía en la cuenta. AGUSTÍN, Tratados sobre el Ev. de Juan, 15, 15.17.



La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 4a, pp. 221-232
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez

0 comentarios

Publicar un comentario