Curación en la piscina de Betzata: el tercer signo




1Después de esto se celebra una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina, llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos, 3bajo los que yacía una muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. (4) 5Estaba allí un hombre que padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años. 6Jesús, al verlo tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: "¿Quieres curarte?". 7El enfermo le contestó: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se mueve el agua; mientras voy, baja otro antes que yo". 8Le dijo Jesús: "Levántate, toma tu camilla y ponte a andar". 9Al instante aquel hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
             Aquel día era sábado. (Juan 5, 1-9)
 
5, 1    Jesús subió a Jerusalén

OCASIONES PARA LA REVELACIÓN. Escogió la hora cuando todos están reunidos para brindarles su ayuda. Así pues, Él fue a Jerusalén en aquel momento. No creía oportuno recorrer todos los lugares donde había gente enferma, a fin de evitar dar la impresión de que buscaba fama, sino que curó a uno solo y, por su medio, se reveló a muchos. TEODORO DE MOPSUESTIA, Comentario al Ev. de Juan, 2, 5, 1.

5, 3    Una muchedumbre de enfermos

UNA IMAGEN DE LA CURACIÓN CON EL BAUTISMO. ¿Qué tipo de curación es ésta? ¿Qué misterio se nos insinúa?... ¿Qué es lo que se esboza? Iba a instituirse el bautismo, portador de una gran fuerza y de una gracia abundantísima, el bautismo que lava todos los pecados y devuelve la vida a los muertos. Este hecho es el que se proclama como en imagen con la piscina... Esto sucedió para que los que saben que es posible curar con agua las enfermedades del cuerpo y durante mucho tiempo han tenido experiencia de ello, crean fácilmente que también es posible curar las enfermedades del alma. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Juan, 36, 1.

5, 4     Un ángel del Señor removía el agua

PARA ELLOS DESCENDÍA UN ÁNGEL, PARA VOSOTROS EL ESPÍRITU SANTO. No se sanaba nadie antes de que el ángel descendiera. Descendía, pues, el ángel y se agitaba el agua, para que hubiera un signo de que había descendido el ángel. El agua se movía para los incrédulos. Para éstos había un prodigio; para ti está la fe. Para ellos descendía un ángel; para ti el Espíritu Santo. Para ellos se agitaba una criatura; para ti obra de Cristo mismo, Señor de la criaturas. Entonces sólo uno era curado; ahora son sanados todos... Así pues, aquella piscina era también una figura, para que creas que a esta fuente desciende la fuerza divina. AMBROSIO, Los misterios cristianos, 4, 22-23.

5, 5    Padecía una enfermedad desde hacía treinta y ocho años

LA PERSEVERANCIA DEL PARALÍTICO. Es admirable la perseverancia del paralítico. Durante treinta y ocho años esperando, año tras año, ser liberado de su enfermedad. Pemanecía allí y no se alejaba. Si no hubiera sido perseverante ¿no habría bastado para alejarlo de aquel lugar no sólo lo pasado, sino también lo venidero? Ten presente que, como es natural, los demás enfermos también vigilaban. Se desconocía el momento en que el agua iba a ser agitada. Los cojos y los mancos podían observarla, mas los ciegos ¿cómo podían verla? Podían saberlo quizá por el alboroto que se producía. Avergoncémonos, por tanto, avergoncémonos, queridos, y lloremos por nuestra negligencia. Durante treinta y ocho años aquél esperó junto a la piscina sin alcanzar lo que deseaba, pero no se alejó. No consiguió nada, no por desidia, sino porque los otros se lo impedían violentamente. Y aun así no se desanimó. Nosotros, en cambio, si durante diez días perseveramos diligentemente en la petición de algo y no obtenemos nada, desistimos de poner tanto empeño. Durante mucho tiempo permanecemos junto a los hombres, prestamos un servivio militar, nos fatigamos, desempeñamos ocupaciones serviles y, al final, siempre queda frustarda nuestra esperanza. Junto a nuestro Señor, sin embargo, aunque es posible alcanzar una recompensa mucho mayor que nuestros esfuerzos..., no tenemos paciencia para esperar con el empeño que conviene... Aunque no obtuviéramos nada, el hecho mismo de hablar constantemente con Él ¿no merecería ser considerado un grandísimo bien? JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Juan, 36, 1-2.

5, 6    ¿Quieres curarte?

LA MODESTIA DE JESÚS Y LA CRUELDAD DE LA CIUDAD. Jesús preguntó "¿Quieres quedar sano?". Mira su modestia; no dijo "quieres que te cure", porque no quiso aparentar algo grande ni siquiera al hacer milagros. Y el cojo dice: "Quiero, pero no tengo un hombre [que me ayude]", porque donde no hay amor no hay un hombre [que ayude]. Por eso, también pregunto yo, no para que sepas el plan [de Jesús] respecto a los enfermos, sino para que te des cuenta de la crueldad de los conciudadanos que estaban sanos, pues nadie te tiende la mano para que te acerques a la fuente, mientras que Él te atiende incluso frente al enemigo, si se lo pides. ANFILOQUIO DE ICONIO, Discursos, 9. 

5, 7     No tengo a nadie que me meta

CRISTO NOS OFRECE MÁS QUE UNA MERA ESCUCHA COMPASIVA. ¿Qué podría ser más digno de lástima que estas palabras? ¿Qué situación puede ser más desgraciada que la suya? ¿Ves un corazón afligido por una larga enfermedad? ¿Ves toda una ansiedad calmada? No pronunció blasfemia alguna de cuantas oímos a muchos en estas mismas circunstancias, no maldijo el día en el que vino al mundo, no se irrita por aquella pregunta... Por el contrario, suavemente y con gran moderación, responde: "Si, Señor". Aunque no sabía quién le hacía la pregunta ni que iba a curarle, sin embargo, como si hablara con un médico y deseara sólo explicar su enfermedad, describe su situación con todo decoro y no pide nada. Quizás esperaba que Cristo le ayudara a meterse en el agua y deseaba persuadirlo con estas palabras. ¿Qué dice Cristo entonces? Demostrando que todo lo puede la palabra, dice: "Levántate, toma tu camilla y anda".
Algunos opinan que este enfermo es el mismo del que habla Mateo. No lo es, sin embargo, y es evidente por muchas razones... Aquél tenía a muchos que se preocupaban de él y lo transportaban. Este no tiene a nadie... Aquél no contesta nada; éste, en cambio, exponse su situación. Y en tercer lugar, por la circunstancia y el momento: éste en una fiesta y en sábado, y aquél en otro día. También el lugar de ambos es distinto. Aquél recibe cuidado en casa; éste, en cambio, está junto a la piscina. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Juan, 17, 7.

5, 9    Tomó su camilla y echó a andar

EL AMOR AL PRÓJIMO. ¿[Qué significa] la camilla, dime, sino que cuando estaba enfermo el lecho cargaba con él, y cuando estuvo sano, carga él con el lecho? ¿Qué dice el Apóstol? "Llevad mutuamente los unos las cargas de los otros y cumpliréis así la Ley de Cristo". La ley de Cristo es la caridad. Y ésta no se cumple si no llevamos mutuamente los unos las cargas de los otros. "Soportaos mutuamente los unos a los otros con caridad y trabajad solícitamente en mantener la unidad del espíritu en el vínculo de la paz". Cuando estabas enfermo, cargaba contigo tu prójimo; ahora, en cambio, que ya estás sano, carga tú con él.
"Llevad mutuamente vuestras cargas y cumpliréis la ley de Cristo". Así es como tú, hombre, completarás lo que te faltaba. "Carga, pues, con tu lecho" y, cuando hayas cargado con él, no te pares, sino camina; cuando amas al prójimo y cuidas de él, caminas. ¿Adónde caminas sino al Señor Dios, a aquel que se debe amar con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente? Al Señor no hemos llegado todavía, pero ya tenemos al prójimo con nosotros. Carga, pues, con quien andas, para que llegues a aquel con quien deseas quedarte para siempre. "Toma, pues, tu lecho y camina". AGUSTÍN, Tratados sobre el Ev. de Juan, 17, 9.




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol. 4a, pp. 259-265
Director de la edición en castellano
Marcelo Merino Rodríguez        

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