Prólogo al Sermón de la Montaña



1Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; 2y abriendo su boca les enseñaba... ( MATEO 5, 1-2 )

5, 1    Subió al monte

ATRAER CONSIGO A LAS GENTES HACIA LAS ALTURAS. El Señor sube a los montes para atraer consigo a las multitudes hacia las alturas, pero las multitudes no tienen fuerza para subir. Lo siguen los discípulos, pero aun a ellos les habla no de pie, sino sentado y como retenido. Pues no podían entenderlo en el esplendor de su majestad. Siguiendo la letra, algunos hermanos muy simplistas piensan que predicó las bienaventuranzas y todo lo que sigue en el monte de los Olivos. Pero en modo alguno es así. Por lo que precede y lo que sigue, deducimos que fue en un lugar de Galilea: el monte Tabor, según pensamos, o algún otro monte elevado. Finalmente, después que terminó su discurso sigue de inmediato: "Al entrar en Cafarnaún". JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 1.

ASCENSIÓN A LAS ALTURAS. El Señor, que iba a conducir a sus discípulos de lo terreno y lo bajo a lo alto y excelso, subió con ellos a un monte, que sin duda era el de los Olivos, para mostrar por el significado de este mismo vocablo el don de su misericordia divina. Subió, pues, el Señor al monte para transmitir a sus discípulos, que estaban abandonando las cosas terrenas y buscando las de arriba, como a quienes se hallan ya en lo alto, los preceptos de los mandatos celestes; y para prodigar con un don divino las bendiciones antaño previstas, según lo que David había declarado con antelación diciendo: "Pues dará las bendiciones quien dio la ley". CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 17, 1, 1-2.

EL MONTE DE MOISÉS Y EL SERMÓN DE LA MONTAÑA. Si alguno me pregunta qué significa este monte, yo responderé que puede muy bien verse en él una figura de la mayor perfección que tienen los preceptos de justicia allí dados comparándolos con los que habían sido dados a los judíos, cuya perfección era menor. Porque Dios uno, en conformidad con su ordenadísima distribución de los sucesos en los tiempos, dio, por medio de los santos profetas y siervos suyos, preceptos menos perfectos al pueblo que aún convenía sujetar con temor, y por medio de su Hijo dio mandamientos mucho más perfectos al pueblo que con amor había querido liberar. AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 1, 2.

LA VIRTUD ESPIRITUAL EXIGE UN LENGUAJE ELEVADO. ¿Acaso no podía haber predicado en un lugar donde ya se encontraba la gente? Son dos las razones por las que subió al monte. La primera, para cumplir la profecía de Isaías: "Súbete a un monte bien alto, tú que traes buenas noticias a Sión". La segunda, para dar a conocer el misterio de la piedad. Su subida expresa la grandeza de sus virtudes. Por lo tanto subió al monte para mostrarnos que quien enseña la justicia de Dios debe estar en las altas cumbres de las virtudes espirituales; y lo mismo el que escucha. El que enseña ha de ser él mismo ejemplo de sus palabras, para que enseñe más con las obras que con las palabras, según aconseja el Apóstol a Timoteo: "Debes ser, más bien, un modelo para los fieles". En cambio, quien camina por el valle estrecho de la vida terrena, recorre senderos oscuros y pronuncia discursos elevados; él no instruye a los demás, sino que se castiga a sí mismo. Nadie puede situarse en el valle y hablar desde el monte: habla desde el lugar en el que estás o quédate allí desde donde hablas. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

SEMEJANZA ENTRE LA IGLESIA Y LA MONTAÑA. Llama monte a la Iglesia, de la que dice el profeta: "Monte de Dios es el monte Basán". Luego Cristo subió al monte para entregar a sus discípulos el misterio de la verdad, dando a entender que todo el que quiera aprender los misterios de la verdad ha de acercarse al monte de la Iglesia: pero no a cualquier monte, sino a un monte fecundo. Porque también existen los montes de los herejes, que no son montes fecundos, sino embotados. En ellos no se reciben los misterios de la verdad, sino que están llenos de mentira, que destruye la verdad. El Espíritu Santo reprende a quienes se acercan a tales montes, por medio del profeta: "¿Por qué miráis celosas al monte en que Dios quiso habitar?". Se dice que las iglesias de los herejes están cuajadas, porque están embotadas, porque "como grasa su corazón está embotado". ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

INVITACIÓN DE ENTRADA PARA TODOS. Y para mostrar más abiertamente la gracia concedida a los apóstoles y el origen de esta bendición tan grande, añadió [David]: "Caminarán de virtud en virtud, se verá al Dios de los dioses en Sión", a saber, al Hijo de Dios, que dio en Sión las bendiciones a los apóstoles. Pues el mismo que entregó antaño la ley a Moisés en el monte Sinaí dio la bendición a los apóstoles en este monte, probando que él es autor de ambas leyes... Y eso que antiguamente, cuando se dio la ley junto al monte, le estaba prohibido al pueblo acercarse; mientras que ahora que el Señor enseña en el monte no se le prohibe a nadie; más aún, todos son invitados a escuchar, porque en la Ley está la severidad, en el Evangelio la gracia; allí se infunde terror a los incrédulos, aquí se derrama en los creyentes el don de la bendición. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 17, 1, 3-4.

5, 2    Abriendo su boca les enseñaba

PRONTITUD EN LA ESCUCHA. ¿Por qué añade el evangelista esta expresión: "Abriendo su boca"? Para que os deis cuenta de que también callando enseñaba, no sólo hablando. Unas veces nos adoctrinaba abriendo su boca, otras, con la voz de sus obras. Y cuando el evangelista dice: "Les enseñaba", no penséis que hablaba sólo con sus discípulos, sino que por ellos se dirigía a todos sin excepción. Como aquella muchedumbre estaba compuesta de gentes del pueblo y hasta gentes rastreras, el Señor, que tenía allí el coro de sus discípulos, a éstos dirige en primer término sus razonamientos; mas lo que intenta, al hablar primeramente con ellos, es que su doctrina no resulte odiosa a todos los demás, que tan necesitados estaban de su divina enseñanza. JUAN CRISÓTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 15, 1.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 128-130
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ 
 

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LAS TENTACIONES DE JESÚS



1Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. 3Y acercándose el tentador le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes". 4Él respondió: Escrito está:
"No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
5Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. 6Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está:
"Dará órdenes a sus ángeles sobre ti,
para que te lleven en sus manos,
no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra".
7Y le respondió Jesús: Escrito está también: "No tentarás al Señor tu Dios". 8De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, 9y le dijo: "Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras". 10Entonces le respondió Jesús: "Apártate, Satanás, pues escrito está:
"Al Señor tu Dios adorarás
y solamente a Él darás culto".
11Entonces le dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían. ( Mateo 4, 1-11)

4, 1    Fue conducido Jesús al desierto

LA TENTACIÓN DE ADÁN INVERTIDA. Puesto que Adán se topó con la gula en el paraíso y se desvió hacia lo malo por medio del engaño, era forzoso que "lo condujera al desierto" para debilitar el vigor del diablo con una fuerza mayor, ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 17.

4, 2   Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches

ELÍAS AYUNÓ CUARENTA DÍAS. Cuando Cristo "pasó hambre", como está escrito, el diablo se puso a tentarlo. Tampoco ha de extrañar mucho un ayuno de cuarenta días, sabiendo que Elías había ayunado ese mismo tiempo. Por eso el diablo se atrevió a lanzarse contra Él, pues creía que era alguien semejante a Elías, y no Dios. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 18.

4, 3    La primera tentación

EL MANDATO DE CONVERTIR LAS PIEDRAS EN PAN. Queriendo Satanás inducir a Cristo a la pasión de la vanagloria, no le dijo: come, sino haz un milagro. Hizo esto no para ayudarlo, sino, como dije, para inducirlo a la vanidad. Sabiendo Cristo esto, no le obedeció. Y a los fariseos que con este mismo propósito deseaban ver un milagro realizado por Él, tampoco les obedeció. En efecto, no se acercaban con un corazón puro a Él, como Dios, sino que lo tentaban como hombre. Sirva, pues, esta infalible regla para los santos ante los incrédulos o ante los que tientan: no buscar el propio prestigio haciendo algo que no tiene utilidad. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 32.

4, 4    No sólo de pan vivirá el hombre

NO SÓLO DE PAN. El primer Adán pecó por causa de la comida; Cristo, por medio de la moderación, vence y enseña que no debemos separarnos de Dios aun en el caso de que pasemos hambre; esto es una promesa también de nuestra condición futura, que tuvo su comienzo en Cristo: que los hombres vivirán sin alimento. TEODORO DE HERACLEA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 22.


4, 5-6    La segunda tentación

EL DIABLO INTERPRETA MAL LA ESCRITURA. "Tírate abajo". Palabras del diablo, que siempre desea que todos caigan. "Tírate", dice; puede persuadir, pero no precipitar. "A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Leemos esto el salmo noventa. Pero allí esta profecía no se refiere a Cristo sino al hombre justo. Por tanto el diablo interpreta mal las EScrituras. Din duda, si hubiera sabido verdaderamente que este salmo estaba escrito acerca del Salvador, debería haber agregado lo que sigue, que está dirigido contra él mismo: "Pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón". Habla de la ayuda de los ángeles como interpelando a un ser débil, pero, astuto como es, calla que será pisoteado.
Jesús le dijo: También está escrito: "No tentarás al Señor tu Dios". Rechaza las flechas falsas que el diablo toma de las Escrituras con los escudos verdaderos de las Escrituras. Observemos que toma sólo del Deuteronomio las citas que necesita para manifestar los misterios de la segunda ley. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 4, 6-7

4, 7    No tentarás al Señor tu Dios

TENTACIÓN SUPERADA MEDIANTE LA PACIENCIA. ¿Cómo, pues, no se irritó ni se indigno Criso, sino que nuevamente, con modestia, le contesta con otro texto de las Escrituras diciendo: "No tentaras al Señor, Dios tuyo"? Es que quería enseñarnos que al diablo hay que vencerle no por medio de milagros, sino por la paciencia y la longanimidad; y que, por otra parte, nada absolutamente debemos hacer por ostentación y ambición de gloria. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 13, 3.

4, 8    La tercera tentación

LA ECONOMÍA DE DIOS SE EXPRESA TAMBIÉN EN LA TENTACIÓN. Que el diablo "condujera" a Jesús ha de ser entendido en términos de economía salvífica. Desde el momento en que Cristo desea hacer esto y procura que ocurra, se está cumpliendo el plan de Dios, la derrota clara de quien se propone inútilmente tentarlo. También en el caso de Job dice la Escritura: "Dijo el diablo al Señor". Pero ¿quién va a ser, ciertamente, tan necio como para pensar que el diablo dialoga con Dios? Sin embargo, Dios consintió que lo probara para mostrar la fortaleza de Job. Por ello se le asigna de esta manera al diablo lo que en realidad ocurre por voluntad de Dios en el marco de su plan salvador para nosotros. "Le mostró" evidencia que no le enseñaba de forma material, puesto que no es posible encontrar una montaña tan alta como para que desde ella pueda ver el mundo entero quien lo desea, sino que se lo mostraba de forma imaginaria, como usualmente muestran los demonios la mayoría de las cosas, puesto que es característica distintiva de quienes saben bien engañar que muestren muchas cosas que ni son ni ocurren, como si fuera y ocurriera. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 22.

4, 9   Todas las cosas te daré

LAS TRES TENTACIONES. Considerando con atención el orden que sigue el demonio en sus tentaciones, veamos con qué grandeza somos librados de ellas. Con tres géneros de tentaciones incitó nuestro enemigo común a nuestro primer padre, a saber: con la gula, con la vanagloria y con la avaricia; pero al tentarlo lo venció, porque lo sometió por el consentimiento. Lo tentó con la gula cuando le enseñó la fruta del árbol prohibido y le aconsejó que comiera de ella. Lo tentó con la vanagloria cuando le dijo: "Seréis como dioses". Y lo tentó con la avaricia cuando le dijo: "Conoceréis el bien y el mal". Porque no sólo la avaricia es el deseo de riqueza, sino también el deseo de ocupar puestos elevados. Con razón, pues, se califica de avaricia el deseo inmoderado de ser más. Si el robo del honor no fuera avaricia, de ninguna manera hubiera dicho san Pablo del Hijo unigénito de Dios: "No juzgo robo el considerarse igual al Padre". El diablo llegó hasta hacer ensoberbecerse a nuestro primer padre, porque excitó en él la codicia de la preeminencia.
Pero por los medios con que el diablo venció al primer hombre, por los mismos fue vencido por el segundo hombre tentado. Lo tentó por la gula cuando le dijo: "Di que estas piedras se conviertan en pan". Lo tentó por la vanagloria diciendo: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo". Lo tentó por la avaricia cuando, enseñándole todos los reinos de este mundo, le dijo: "Todas estas cosas te daré si, postrándote, me adoras". Mas por los mismos modos con que se gloriaba de haber vencido al primer hombre, fue vencido por el segundo; para que salga aprisionado de nuestros corazones por la entrada misma por donde se había introducido en ellos y nos tenía prisioneros.
Debemos considerar otra cosa, hermanos carísimos, en las tentaciones que experimentó el Señor, a saber: que, tentado por el diablo, le contestó con el precepto de la divina Sabiduría, y el que podía con una sola palabra haber sumergido en el profundo abismo a su tentador, no quiso manifestar la fuerza de su poder: sólo opuso a sus sugestiones los preceptos divinos consignados en la sagrada Escritura, para darnos un ejemplo de paciencia y para que siempre que suframos alguna cosa por parte de los hombres nos excitemos más bien a enseñar que a tomar venganza. Considerad bien cuánta es la paciencia de Dios y cuánta nuestra impaciencia. Si nosotros somos provocados por alguna injuria o por algún daño, impulsados por el furor, o nos vengamos cuanto podemos o amenazamos de hacer lo que no podemos. Ved, pues, de qué manera toleró el Señor las tentaciones del demonio, y que nada opuso a sus sugestiones más que palabras de mansedumbre. Tolera al que podía castigar, para que esta conducta cediera más en la alabanza suya si vencía a su enemigo, no destruyéndolo sino consintiéndolo. GREGORIO MAGNO, Homilías sobre los Evangelios, 16, 2-3. 




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol 1a; pp. 102-110
Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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