LAS TENTACIONES DE JESÚS



1Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. 3Y acercándose el tentador le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes". 4Él respondió: Escrito está:
"No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
5Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. 6Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está:
"Dará órdenes a sus ángeles sobre ti,
para que te lleven en sus manos,
no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra".
7Y le respondió Jesús: Escrito está también: "No tentarás al Señor tu Dios". 8De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, 9y le dijo: "Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras". 10Entonces le respondió Jesús: "Apártate, Satanás, pues escrito está:
"Al Señor tu Dios adorarás
y solamente a Él darás culto".
11Entonces le dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían. ( Mateo 4, 1-11)

4, 1    Fue conducido Jesús al desierto

LA TENTACIÓN DE ADÁN INVERTIDA. Puesto que Adán se topó con la gula en el paraíso y se desvió hacia lo malo por medio del engaño, era forzoso que "lo condujera al desierto" para debilitar el vigor del diablo con una fuerza mayor, ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 17.

4, 2   Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches

ELÍAS AYUNÓ CUARENTA DÍAS. Cuando Cristo "pasó hambre", como está escrito, el diablo se puso a tentarlo. Tampoco ha de extrañar mucho un ayuno de cuarenta días, sabiendo que Elías había ayunado ese mismo tiempo. Por eso el diablo se atrevió a lanzarse contra Él, pues creía que era alguien semejante a Elías, y no Dios. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 18.

4, 3    La primera tentación

EL MANDATO DE CONVERTIR LAS PIEDRAS EN PAN. Queriendo Satanás inducir a Cristo a la pasión de la vanagloria, no le dijo: come, sino haz un milagro. Hizo esto no para ayudarlo, sino, como dije, para inducirlo a la vanidad. Sabiendo Cristo esto, no le obedeció. Y a los fariseos que con este mismo propósito deseaban ver un milagro realizado por Él, tampoco les obedeció. En efecto, no se acercaban con un corazón puro a Él, como Dios, sino que lo tentaban como hombre. Sirva, pues, esta infalible regla para los santos ante los incrédulos o ante los que tientan: no buscar el propio prestigio haciendo algo que no tiene utilidad. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 32.

4, 4    No sólo de pan vivirá el hombre

NO SÓLO DE PAN. El primer Adán pecó por causa de la comida; Cristo, por medio de la moderación, vence y enseña que no debemos separarnos de Dios aun en el caso de que pasemos hambre; esto es una promesa también de nuestra condición futura, que tuvo su comienzo en Cristo: que los hombres vivirán sin alimento. TEODORO DE HERACLEA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 22.


4, 5-6    La segunda tentación

EL DIABLO INTERPRETA MAL LA ESCRITURA. "Tírate abajo". Palabras del diablo, que siempre desea que todos caigan. "Tírate", dice; puede persuadir, pero no precipitar. "A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Leemos esto el salmo noventa. Pero allí esta profecía no se refiere a Cristo sino al hombre justo. Por tanto el diablo interpreta mal las EScrituras. Din duda, si hubiera sabido verdaderamente que este salmo estaba escrito acerca del Salvador, debería haber agregado lo que sigue, que está dirigido contra él mismo: "Pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón". Habla de la ayuda de los ángeles como interpelando a un ser débil, pero, astuto como es, calla que será pisoteado.
Jesús le dijo: También está escrito: "No tentarás al Señor tu Dios". Rechaza las flechas falsas que el diablo toma de las Escrituras con los escudos verdaderos de las Escrituras. Observemos que toma sólo del Deuteronomio las citas que necesita para manifestar los misterios de la segunda ley. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 4, 6-7

4, 7    No tentarás al Señor tu Dios

TENTACIÓN SUPERADA MEDIANTE LA PACIENCIA. ¿Cómo, pues, no se irritó ni se indigno Criso, sino que nuevamente, con modestia, le contesta con otro texto de las Escrituras diciendo: "No tentaras al Señor, Dios tuyo"? Es que quería enseñarnos que al diablo hay que vencerle no por medio de milagros, sino por la paciencia y la longanimidad; y que, por otra parte, nada absolutamente debemos hacer por ostentación y ambición de gloria. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 13, 3.

4, 8    La tercera tentación

LA ECONOMÍA DE DIOS SE EXPRESA TAMBIÉN EN LA TENTACIÓN. Que el diablo "condujera" a Jesús ha de ser entendido en términos de economía salvífica. Desde el momento en que Cristo desea hacer esto y procura que ocurra, se está cumpliendo el plan de Dios, la derrota clara de quien se propone inútilmente tentarlo. También en el caso de Job dice la Escritura: "Dijo el diablo al Señor". Pero ¿quién va a ser, ciertamente, tan necio como para pensar que el diablo dialoga con Dios? Sin embargo, Dios consintió que lo probara para mostrar la fortaleza de Job. Por ello se le asigna de esta manera al diablo lo que en realidad ocurre por voluntad de Dios en el marco de su plan salvador para nosotros. "Le mostró" evidencia que no le enseñaba de forma material, puesto que no es posible encontrar una montaña tan alta como para que desde ella pueda ver el mundo entero quien lo desea, sino que se lo mostraba de forma imaginaria, como usualmente muestran los demonios la mayoría de las cosas, puesto que es característica distintiva de quienes saben bien engañar que muestren muchas cosas que ni son ni ocurren, como si fuera y ocurriera. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 22.

4, 9   Todas las cosas te daré

LAS TRES TENTACIONES. Considerando con atención el orden que sigue el demonio en sus tentaciones, veamos con qué grandeza somos librados de ellas. Con tres géneros de tentaciones incitó nuestro enemigo común a nuestro primer padre, a saber: con la gula, con la vanagloria y con la avaricia; pero al tentarlo lo venció, porque lo sometió por el consentimiento. Lo tentó con la gula cuando le enseñó la fruta del árbol prohibido y le aconsejó que comiera de ella. Lo tentó con la vanagloria cuando le dijo: "Seréis como dioses". Y lo tentó con la avaricia cuando le dijo: "Conoceréis el bien y el mal". Porque no sólo la avaricia es el deseo de riqueza, sino también el deseo de ocupar puestos elevados. Con razón, pues, se califica de avaricia el deseo inmoderado de ser más. Si el robo del honor no fuera avaricia, de ninguna manera hubiera dicho san Pablo del Hijo unigénito de Dios: "No juzgo robo el considerarse igual al Padre". El diablo llegó hasta hacer ensoberbecerse a nuestro primer padre, porque excitó en él la codicia de la preeminencia.
Pero por los medios con que el diablo venció al primer hombre, por los mismos fue vencido por el segundo hombre tentado. Lo tentó por la gula cuando le dijo: "Di que estas piedras se conviertan en pan". Lo tentó por la vanagloria diciendo: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo". Lo tentó por la avaricia cuando, enseñándole todos los reinos de este mundo, le dijo: "Todas estas cosas te daré si, postrándote, me adoras". Mas por los mismos modos con que se gloriaba de haber vencido al primer hombre, fue vencido por el segundo; para que salga aprisionado de nuestros corazones por la entrada misma por donde se había introducido en ellos y nos tenía prisioneros.
Debemos considerar otra cosa, hermanos carísimos, en las tentaciones que experimentó el Señor, a saber: que, tentado por el diablo, le contestó con el precepto de la divina Sabiduría, y el que podía con una sola palabra haber sumergido en el profundo abismo a su tentador, no quiso manifestar la fuerza de su poder: sólo opuso a sus sugestiones los preceptos divinos consignados en la sagrada Escritura, para darnos un ejemplo de paciencia y para que siempre que suframos alguna cosa por parte de los hombres nos excitemos más bien a enseñar que a tomar venganza. Considerad bien cuánta es la paciencia de Dios y cuánta nuestra impaciencia. Si nosotros somos provocados por alguna injuria o por algún daño, impulsados por el furor, o nos vengamos cuanto podemos o amenazamos de hacer lo que no podemos. Ved, pues, de qué manera toleró el Señor las tentaciones del demonio, y que nada opuso a sus sugestiones más que palabras de mansedumbre. Tolera al que podía castigar, para que esta conducta cediera más en la alabanza suya si vencía a su enemigo, no destruyéndolo sino consintiéndolo. GREGORIO MAGNO, Homilías sobre los Evangelios, 16, 2-3. 




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol 1a; pp. 102-110
Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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