Las bienaventuranzas



3Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.
4Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
5Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.
9Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos.
11Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. 12Alegraos y regocíjaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas antes de vosotros. ( MATEO 5, 3-12)

5, 3    Los pobres de espíritu

LOS POBRES DE ESPÍRITU. Aunque el evangelista Lucas habla en parte de las mismas bienaventuranzas, sin embargo las expuestas aquí son más perfectas. Porque aquéllas fueron enseñadas en el campo y éstas en el monte a los perfectos. Aquéllas a los imperfectos, éstas a los perfectos y a los dirigentes de los pueblos, como fueron los apóstoles, a quienes fueron enseñadas. Allí nos extendimos a explicar sus diferencias. Lucas habla simplemente de los pobres, Mateo de los pobres de espíritu. Pobre de espíritu y humilde de corazón. Es pobre de espíritu quien tiene poco aprecio de sí. Y al contrario, es rico de espíritu el que se tiene en gran aprecio a sí mismo, y es soberbio porque no cumple el mandato de Cristo. "Si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos". Quien, ya convertido, se ha hecho como un niño, ése es probre de espíritu. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 4    Los que lloran

UN LLANTO QUE NO REPARA EL PECADO. No se refiere aquí al llanto de los muertos según la ley común de la naturaleza, sino a los muertos por sus pecados y vicios. Así lloró Samuel a Saul, porque Dios se había arrepentido de haberlo ungido rey de Israel; así el apóstol Pablo dice que llora y se aflige por los que después de sus fornicaciones e inmundicias no han hecho penitencia. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 5.

5, 5    Los mansos

PACIENTE EN LAS OFENSAS. La persona mansa ni provoca el mal ni es provocada por el mal. Las cargas del pecado no prevalecen contra tales personas, puesto que ellos no son la causa del pecado. El manso es aquel que se alegra más en sufrir la ofensa que en cometerla. Pero, al menos que uno no tema ser ofendido, no podrá mantenerse sin pecado. Lo mismo que la cizaña nunca falta en el campo, los provocadores nunca faltan en el mundo. En verdad, es auténticamente manso aquel que, habiendo sido ofendido, ni hace el mal ni piensa en hacerlo. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 6    Los que tienen hambre y sed de justicia

EL APASIONADO POR LA JUSTICIA. No nos enseñó a buscar con un deseo sin fatiga o una especie de liviano ardor, sino que indica como bienaventurados a aquellos que, para alcanzarla, como si tuvieran hambre y sed, no pueden hacer ya otra cosa que pensar siempre en la justicia, buscar la justicia; porque al que tiene hambre y sed le es necesario ansiar aquello por lo que siente hambre y sed. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo 17, 5, 1.

5, 7    Los misericordiosos

MISERICORDIA CON LOS ENEMIGOS. Misericordioso no es sólo aquel que da limosna al pobre, al huérfano o a la viuda. Este tipo de misericordia se encuentra incluso en aquellos que apenas conocen a Dios. Es verdaderamente compasivo quien muestra compasión incluso con su propio enemigo y le hace el bien, en consonancia con aquello de la Escritura que dice: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian". Recuerda que Dios hace llover y ordena que brille su sol, no sólo sobre los buenos, sino también sobre los ingratos. Y por eso también dice: "Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso". Realmente esa persona es bienaventurada, porque si no tiene pecado -lo que es difícil entre los hombres-, la gracia de Dios le ayuda a crecer en justicia; y si lo tiene, a la remisión del pecado. Por eso puede decir confiadamente: Perdona mis deudas así como yo perdono a mis deudores. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 8    Los limpios de corazón 

LA PROMESA DE VER A DIOS. He aquí ahora un premio espiritual. Limpios llama aquí el Señor a los que poseen la virtud en general y no tienen conciencia alguna de pecado, o a los que vieven en castidad. Nada hay, efectivamente, más necesario para ver a Dios que esta virtud de la castidad. De aquí que Pablo dijera: "Buscad la paz con todos y guardad la castidad, sin la cual nadie verá al Señor". La visión de que aquí habla Jesús es, naturalmente, la que puede tener el hombre. Hay muchos que dan limosna, no roban ni son avariciosos, pero viven deshonesta y disolutamente. Pues bien, para hacer ver que no basta con lo primero, añadió el Señor lo segundo. Es el testimonio que Pablo dio sobre los macedonios, escribiendo a los corintios: no sólo eran ricos en la limosna, sino también en las otras virtudes. Después de hablar, efectivamente, de su fervor en el asunto de dinero, dice el Apóstol: "Se entregaron al Señor y a nosotros". JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 15, 4.

5, 9    Los pacíficos

EL PACIFICADOR. Pacífico es el que muestra a los otros que la aparente contradicción de las Escrituras es la armonía de las antiguas con las nuevas, de la ley con los profetas, de los Evangelios entre ellos. Por esto imitando al Hijo de Dios "se llamará hijo", recibiendo por su obra "el Espíritu de filiación adoptiva". CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 38. 

5, 10    Los que padecen persecución

PERSECUCIÓN POR CAUSA DE LA JUSTICIA. Con razón recordó antes el Señor que había que tener hambre y sed de la justicia; y al desearla, nos enseña a tener una sed tal que por su causa debemos despreciar la persecución del mundo, las penas del cuerpo y hasta la misma muerte. El significado de esto se aplica principalmente a los mártires, que a causa de la justicia de la fe y del nombre de Cristo soportan las persecuciones del mundo; a ellos se les promete una gran esperanza, que es la posesión del reino de los cielos. Los apóstoles fueron los primeros en esta bienaventuranza, y también todos los justos que,  afligidos por varias persecuciones a causa de la justicia de la ley, llegaron por mérito de su fe a los reinos celestes. CROMACIO DE AQUILEYA, Comenatrio al Ev. de Mateo, 17, 8, 1-2. 

5, 11    Cuando os injurien

CUANDO UNO ES ULTRAJADO. Después habló de sufrir pacientemente la persecución, como si alguien preguntara a Dios: Señor, ¿Qué pasa si al sufrir la persecución no fuera por ti o por tu justicia, sino por la afrenta y la blasfemia de los hombres infames? Bienaventurados seréis -dice- no sólo cuando sufráis persecución, sino cuando seáis reprochados por los hombres. He aquí que muchos hombres se vueleven enemigos nuestros debeido a nuestra creencia en Dios, y no nos persiguen abiertamente, quizá porque no pueden. No obstante, nos envuelven totalmente, nos caluminian y dicen de nosotros cosas deplorables. "Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien por causa mía". Así como es cierto que no quedará sin recompensa quien nos diera un vaso de agua compasivamente, así, si alguien nos hiciera una ijuria, incluso con una sola palabra, ligera, nuestra alma no quedará falta de premio. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 12    Vuestra recompensa será grande

PACIENCIA EN LA PERSECUCIÓN. Todo lo que puede inventar la malicia de los perseguidores contra los justos en tiempo de persecución por el nombre de Cristo, los diversos aprobios que pueden inflingirse o los castigos que se pueden inferir al cuerpo, no sólo debemos soportarlos pacientemente, sino incluso recibirlo con gozo y júbilo a causa de la gloria futura. Esto dice en efecto: "Alegraos en aquel día y saltad de júbilo; os digo que vuestra recompensa es grande en los cielos". ¡Qué glorioso soportar esta persecución, cuya recompensa dice el Señor que está colocada en los cielos! Y por esto, mirando atentamente el premio de la gloria que se pone delante, debemos estar preparados para soportar todo tipo de sufrimiento con fe devota, para que merezcamos compartir la gloria de los profetas y los apóstoles. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 17, 9, 2-3.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 130-143
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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