Sal y luz



13"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale más que para tirarla fuera y que la pisotee la gente.
14"Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; 15ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa. 16Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos. (MATEO 5, 13-16)

5, 13    La sal de la tierra

COMIDAS CONDIMENTADAS CON SAL. La sal es útil para tantas cosas en la vida de los hombres. ¿Por qué hay que mencionarla también? Ahora es el momento adecuado para decir por qué los discípulos de Jesús son comparados con la sal. Creo que como la sal preserva la carne de corromperse en mal olor y gusanos y hace que sea utilizable por más tiempo, y si no, no duraría, de la misma manera los discípulos de Cristo sostienen este mundo y vencen sobre el mal olor de los pecados que proceden de la idolatría y de la fornicación. ORÍGENES, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 91.

5, 14    La luz del mundo

PRIMERO LA SAL, DESPUÉS LA LUZ. Vosotros sois la luz del mundo. Nuevamente se nos habla del mundo; no de una sola nación ni de veinte ciudades, sino de la tierra entera; se nos habla de una luz inteligible, mucho más preciosa que los rayos del sol, como también la sal había que entenderla en sentido espiritual. Y pone el Señor primero la sal, y luego la luz para que te des cuenta de la utilidad de las palabras enérgicas, y el provecho de una enseñanza seria. Ella nos ata firmemente y nos permite disolvernos. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 15, 7.

5, 15    Ni se enciende una luz

LAS LUMBRERAS DEL MUNDO. Esta ciudad ha sido puesta sobre un monte: esto es, los apóstoles, los profetas y los otros doctores, instruidos en Cristo. Pues el monte es Cristo, de quien dice Daniel: "He aquí que una piedra se desgajó sin que la moviese ninguna mano y se hizo un monte grande y ocupó toda la tierra". 
Ahora quiere mostrar por medio de otra comparación por qué el mismo Cristo se manifiesta a sus santos y no deja que estén escondidos. Y esto es porque no hay quien encienda una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre un candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. ¿Quiénes son los que encienden la lámpara? El Padre y el Hijo. ¿Cuál es esa lámpara? La palabra divina de la que se ha dicho. "Tu palabra es una lámpara para mis pies". Para que brille, esto es, se manifieste e ilumine a los que están en la casa, bien de la Iglesia, bien de todos los humanos. ¿Cuál es el candelero? La Iglesia que lleva la palabra de vida. En consecuencia, dice también Pablo: "En donde resplandecéis como lumbreras del mundo, conservando la palabra de vida". Por lo mismo también cada miembro de la Iglesia que posee la palabra de Dios es llamado candelero. Por el contrario, las personas mundanas, vacías de Dios y de todo lo que es Dios, son como celemines. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 10.

15, 16    Alumbre así vuestra luz ante los hombres

EL CUERPO HACE QUE LA LUZ BRILLE. Pone la luz debajo de un celemín todo aquel que oculta y obscurece la luz de la buena doctrina con las comodidades o ventajas temporales. "Sino sobre un candelero". Por consiguiente, sobre un candelero coloca la luz aquel que subordina su cuerpo al servicio de Dios, de manera que ocupe lugar superior la predicación de la verdad, e inferior el servicio y provecho del cuerpo. Sin embargo, la misma servidumbre del cuerpo hace brillar excelsamente la doctrina, la cual por las funciones del cuerpo, esto es, por la voz, la lengua y todos los demás movimientos del cuerpo, que contribuyen a las buenas obras, se insinúa en el espíritu de los creyentes. AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 6, 17.


LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 144-149
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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