Segundo y tercer ejemplos: lujuria, adulterio y divorcio



27Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". 28Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer desándola, ya cometió adulterio en su corazón. 29Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. 30Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo acabe en el infierno.
31"Se dijo también: "Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé el libelo de repudio". 32Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer -excepto en caso de fornicación- la expone a cometer a dulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. ( MATEO 5, 27-32 )

5, 27-28    No cometerás adulterio

EL ADULTERIO. Porque no dijo absolutamente: "El que codicie..." -aun habitando en las montañas se puede sentir la codicia o concupiscencia-, sino: "El que mire a una mujer para codiciarla". Es decir, el que busca excitar su deseo, el que sin necesidad alguna mete a esta fiera en su alma, hasta entonces tranquila. Esto ya no es obra de la naturaleza, sino efecto de desidia y tibeza. Esto hasta la antigua ley lo reprueba de siempre cuando se dice: "No te detengas a mirar la belleza ajena". Y no digas: ¿Y qué si me detengo a mirar y no soy prendido? No. También esa mirada la castiga el Señor, no sea que fiándote de esa seguridad, vengas a caer en el pecado. ¿Y qué si miro -me dirás- y tengo, sí, deseo, pero nada malo hago? Pues aún así estás entre los adúlteros. Lo dijo el legislador, y no hay que averiguar más. Mirando así una, dos y hasta tres veces, pudiera ser que contengas; pero si lo haces continuadamente, y así enciendes el horno, absolutamente seguro que serás atrapado, pues no estás tú por encima de la naturaleza humana. Nosotros, si vemos a un niño que juega con una espada, aun cuando no lo veamos ya herido, lo castigamos y le prohibimos que la vuelva a tocar más. Así también Dios, aun antes de la obra, nos prohíbe la mirada que pueda conducirnos a la obra. Porque el que una vez ha encendido el fuego, aun en ausencia de la mujer que lascivamente ha mirado, se forja mil imágenes de cosas vergonzosas, y de la imagen pasa muchas veces a la obra. De ahí que Cristo elimina incluso el abrazo que se da con sólo el corazón. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 17, 2.

EL MANDATO DE DIOS SE DIRIGE AL ALMA OBEDIENTE. Hay quienes no cuidan mucho su alma y no juzgan a su corazón; quienes se encolerizan con su prójimo sin causa alguna y no piensan que han pecado ni piensan que es pecado sólo el desear a la mujer ajena porque no han cedido a su concupiscencia. Pero es un gran pecado ante los que temen a Dios y juzgan su corazón con profundidad. Y es un gran pecado ante Dios, quien mira no sólo las acciones del hombre, sino también su corazón. Con este mandamiento no deroga la ley; por el contrario, le da cumplimiento, y sin el mandamiento del Señor la ley sería insostenible.
Cada acto de adulterio nace de la concupiscencia. Por tanto, ¿cómo va a ser frenado el adulterio bajo el mandamiento de la ley si no se condena la concupiscencia según el mandamiento de Cristo? Un asesino a los ojos de Dios es aquel que considera la acción más que la intención. Pues así como la ira es la madre del homicidio, la concupiscencia es la madre del adulterio. Consecuentemente, quien se enfada con su hermano sin causa, lo ha matado ya en su corazón, aunque no se lleve a cabo el homicidio. Y el hombre que desea a la mujer del prójimo, ya a adulterado con ella en su corazón, aunque no haya tenido relación con ella por falta de ocasión. Es ya un adulterio a los ojos de Dios quien considera más el deseo que el hecho. Porque el acto manifiesto del adulterio puede faltar pero no la intención.
Incluso aquellos que son desconocedores de los profundos misterios de la naturaleza humana pueden coincidir en esto: toda naturaleza carnal está sujeta a estas pasiones. Nadie, ni siquiera los santos, pueden apartar totalemente la tentación de la ira o de la concupiscencia. Ellos imaginan que Cristo, al ordenar una cosa imposible, siembra ocasiones de ofensa y dispone el terreno para el castigo.
Esto nos lleva a establecer una división entre los deseos del alma y del cuerpo. Nostros tenemos dentro dos naturalezas: la carnal y la espiritual. Y a la vez tenemos dos voluntades, la del alma y la de la carne. Podemos decir también que tenemos dos iras, la ira del alma y la ira de la carne. De forma similar podemos decir que tenemos un deseo del alma y uno de la carne. La carne puede ser atrapada por la ira y sentir el deseo desordenado, y no puede librarse de esta tendencia porque no ha sido creada con albedrío; o mejor, ahora no es libre, como fue creada, sino que está bajo la ley del pecado. En efecto, la carne ha sido vendida a la esclavitud del pecado. Es por lo que el Apóstol dice: "La sabiduría de la carne es enemiga de Dios, pues no está sometida a la ley de Dios ni es posible que lo esté". El alma, por el contrario, ha sido creada con albedrío según la justicia de la ley de Dios. Por este motivo el alma puede no airarse si no quiere, y no dejarse llevar por la concupiscencia, si así lo desea. Cuando nosotros nos enfurecemos y sentimos la fuerza de la concupiscencia, si nos entristecemos y enseguida reprimimos la ira y el mal deseo, está claro que es sólo nuestra carne la que se aíra o desea desordenadamente, pero no nuestra alma. Pero si nos complacemos en esas cosas y nos decidimos a abrir un resquicio a un poco de ira o a la concupiscencia que sentimos, entonces nuestra alma se enfada y tiene malos deseos, al mismo tiempo que la carne. Por tanto, desde que Dios sabe que la naturaleza de la carne no está sujeta a Él, no ordena a la carne tales cosas, como si estuviera sola. ¿Qué persona inteligente ordena algo a alguien que, a pesar de su buena intención, es incapaz de obedecer? Mas bien Dios habla al alma, que puede obedecer en todo y que, a pesar de la carne irascible y concupiscible, puede no airarse y no ser consumida por la concupiscencia. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 29    Adulterio en su corazón

LO ESENCIAL DE LA HIPÉRBOLE. Él habla de los miembros del cuerpo de forma hiperbólica, no como si uno debiese arrancar los miembros, sino que está llamado a mortificarlos y a volverlos inoperantes para el mal, como dice el Apóstol; y a no ser condescendiente con ellos ni siquiera en las cosas más necesarias, si hay peligro de que a través de ellas se origine una energía malvada. APOLINAR DE LAODICEA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 23.

5, 30    Más te vale que se pierda uno de tus miembros

RECHAZAR LOS MALOS CONSEJOS. En esta cuestión nada me parece más congruente que decir que el ojo significa el amigo muy amado, pues ciertamente podemos muy bien llamarlo miembro nuestro, y miembro que amamos intensamente; y él es el consejero que como ojo nos muestra el camino, y consejero en las cosas divinas, porque es nuestro ojo derecho. El ojo izquierdo, en cambio, es consejero muy estimado, pero en las cosas terrenas pertenecientes a las cosas de la vida: de él es superfluo hablar cuando es ocasión de pecado, porque ni siquiera al derecho se ha de perdonar estos casos. El consejero nos escandaliza en las cosas divinas si con el nombre de religión y doctrina procura inducirnos a alguna herejía perniciosa. Luego también por la mano derecha podemos entender un ministro y cooperador amado en nuestras obras santas. Así pues, como el ojo representa la contemplación, la mano representa la acción. De este modo la mano izquierda representa las obras que son necesarias a esta vida y al cuerpo. AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 13, 38.

LA MANO DERECHA REFERIDA AL ALMA. Yo creo que todas estas cosas [la mano, el ojo y el pie] se han dicho refiriéndose al alma, como apuntamos anteriormente. Él habla del ojo del alma, es decir, de la mente, mediante la cual el alma ve. Y así dice en otro lugar: "Si tu ojo está sano todo tu cuerpo será iluminado". Este ojo carnal no es un ojo sino un espejo de tu ojo interior, la mente. El cuerpo tiene su mente, como también tiene su alma, según testificó el Apóstol hablando de la mente del alma: "Yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado". Y sobre la mente del cuerpo dice: "Hinchado vanamente de su carne y sin estar unido a la cabeza". Y lo mismo de la mano y del pie. La mano derecha del hombre es el deseo del alma; la mano izquierda, por el contrario,  es el deseo del cuerpo. Esta mano corporal no es una mano, sino un instrumento de esa mano. A menos que la voluntad -buena o mala- quiera moverla, no se moverá en absoluto. Por tanto, la mano derecha del hombre es el deseo de su alma, y la izquierda el del cuerpo. La parte reservada del alma se llama derecha y la reservada al cuerpo, izquierda. El alma fue creada libre, con la facultad para el bien y el mal; y también fue creada bajo la ley de la justicia, para que rectamente vea, escuche y actúe. La parte reservada al cuerpo se llama izquierda porque la carne no fue creada en posesión de su libertad, de forma que pueda tender al bien o al mal, sino que está inclinada al mal por la ley del pecado, y no puede ver, escuchar o hacer lo que es recto. Así, todos los antos han sido llamados "diestros", pero los pecadores "siniestros". ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 31    El libelo de repudio

CUATRO INJUSTICIAS SE COMETE A LA VEZ EN UN DIVORCIO. Cuando Él habla sobre uno que se enfada sin motivo y se consume de lujuria, hábilmente está introduciendo el mandamiento sobre el no repudiar a la esposa. Pues si uno que se enfada con su hermano sin una causa está sujeto a juicio, ¿cómo no va a estar sujeto a juicio quien aborrece a su esposa y la abandona sin que haya cometido ésta el pecado de fornicación? Y tú dices: es que mi esposa tiene muchos defectos. ¿Y qué? ¿Acaso tú no los tienes? Si debemos sobrellevar las debilidades de los extraños, en consecuencia con lo del Apóstol: "Llevad unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo", ¿cuánto más no debemos llevar las de la esposa? Si un hombre que mira con lujuria a una mujer comete ya adulterio en su corazón, ¿quién no será condenado por adulterio si abandona a su mujer, dándole ocasión de cometer adulterio con otro, y otro con ella? Un cristiano no sólo no debe deshonrarse, sino tampoco dar a otros ocasión de deshonrarse. Así, sus crímenes redundan en pecado para él y para otros, para los que llega a ser causa de pecado. Observa también que, quien según la ley da un libelo de repudio, comete cuatro injusticias al mismo tiempo. Primero, que a los ojos de Dios ya es un homicida. Segundo, que abandona a su mujer sin causa de fornicación. Tercero, que adultera con otra. Cuarto, que si la toma de nuevo, también comete adulterio. Mas ninguna de esas injusticias se realizan cuando se sigue el mandamiento de Cristo. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 32    El que se casa con la repudiada comete adulterio

NO DAR OCASIÓN AL ADULTERIO. El que es manso, pacífico, pobre de espíritu y misericordioso, ¿cómo imaginar que eche de casa a su mujer? El que a otros pone en paz, ¿cómo estará él en discordia con su propia mujer?... Porque el que no mirare con ojos impúdicos a mujer ajena, tampoco cometerá adulterio; y, no cometiendo adulterio, tampoco dará ocasión al hombre para que repudie a su mujer. De ahí que el Señor tensa sin miedo los lazos de la ley y pone como una muralla de temor, haciéndole sentir al hombre su peligro si repudia a su mujer, pues lo hace culpable del adulterio que ella pudiera cometer. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 17, 4. 



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 164-170
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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El nuevo espíritu y la ley antigua


17No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles plenitud. 18En verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, de la Ley no pasará ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla. 19Así, el que quebrante uno sólo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. 20Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos". ( MATEO 5, 17-20 )

5, 17    No he venido a abolir la Ley o los profetas

CUMPLIR EL MENOR DE LOS MANDAMIENTOS. Si es una impiedad deshacer los mandamientos más pequeños, mucho más lo será [deshacer] los grandes y mayores. Por lo que el mismo Espíritu Santo declara por Salomón: "El que desprecia lo pequeño se precipita poco a poco".
Y por eso no hay que desautorizar ninguno de los preceptos divinos, nada hay que mutilar, sino conservar y enseñar la totalidad con espíritu fiel y sumiso para que no perdamos la gloria del reino celeste; porque lo que según el juicio de los infieles y los hombres del mundo es considerado ínfimo y pequeño, no es pequeño para Dios, sino necesario. Y el Señor muestra que quien los enseñe y lleve a cabo va a ser grande en el reino de los cielos. Por eso no sólo hay que trabajar con palabras, sino también con obras; no sólo enseñar, sino hacer lo que has enseñado. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 20, 2, 1-3

NO ABOLIR. Por dos razones dice el Señor que Él no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento. Primero porque debía persuadir a sus discípulos, a los que había instruido a que le imitaran en todas sus buenas obras, para que con sus palabras pudieran seguir su ejemplo. Y así como el cumplía toda la ley, así también ellos debían cumplir celosamente incluso la más pequeña parte de la ley. Segundo: como Jesús trabajó en sábado y curó a leprosos y otros judíos le acusaban de que quería abolir la ley -o al menos, eso parecía-, necesitaba responder a estas falsas imputaciones, por lo que dijo: "No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas. No he venido a abolirla sino a darle cumplimiento". Las dos cosas, la ley y los profetas, están en vigor. Profetizan de Cristo y constituyen la ley de vida. Y Cristo dio cumplimiento a una y otra cosa. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 10.

5, 18    De la Ley no pasará ni la más pequeña letra

LA "COMA". Pero "una coma" no es sólo la iota de los griegos, sino también lo que entre los hebreos se llama yod. Y Jesús puede ser llamado simbólicamente "una iota" o "una coma", pues el comienzo de su nombre -no sólo entre los griegos, sino también entre los hebreos-, es escrito con una yod, de manera que Jesús será la "coma una", la palabra de Dios en la ley que no es superada hasta que todo sea. Pero también pudiera ser la iota (como Él dice) los doce mandamientos de la ley, pues todo pasa pero ésos no pasan. Tampoco Jesús pasa; y si cae "sobre la tierra", cae voluntariamente, para "producir mucho fruto". Así el que es "una iota" o "una coma" tiene dominio sobre las cosas del cielo y sobre las cosas de la tierra. ORÍGENES, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 99.

LEY RESUMIDA EN EL EVANGELIO. Se nos prometen cielos nuevos y tierra nueva que hará el Señor Dios. Por tanto, si va a ser creado algo nuevo, lo antiguo debe desaparecer. Pero en lo que sigue: "No pasará ni la más pequeña letra o iota hasta que todo se cumpla", por la comparación con esa letra se nos muestra que también las cosas que se consideran mínimas en la Ley están llenas de misterios espirituales y que todo está recapitulado en el Evangelio. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 18.

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY. Cuando habla un hombre sabio no deja detrás palabras vacías. Y ¿cómo entonces las palabras divinas pueden quedar vacías de contenido? Dios castiga al hombre si no hace lo que Él ha enseñado. ¿Acaso Cristo no dio cumplimiento a lo que dijo por medio de los profetas? Por consiguiente, Él cumplió la ley incluso en sus menores requisitos. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 10.

5, 19    Ése será grande en el Reino de los Cielos

MÁS ALLÁ DE LA LEY. Esta es una manera magnífica de introducir la superacón de las obras de la Ley, superacón que, sin abolirla, constituye un mejoramiento progresivo. En efecto, manifiesta que la entrada en el cielo es ofrecida a los apóstoles únicamente si superan la justicia de los fariseos. Así pues, una vez expuestas las prescripciones de la Ley, las supera perfeccionándolas, no aboliéndolas. HILARIO DE POITIERS, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 16.

EL MÁS PEQUEÑO. ¿Por qué, pues, llama el Señor mínimos a sus mandamientos, cuando realmente son tan grandes y sublimes? La razón es porque era Él mismo quien introducía la nueva ley. Al modo como se humilló personalmente y tantas veces habla de sí modestamente, así lo hace también acerca de su ley: con lo que, una vez más nos repite la lección de la moderación. Por otra parte, como parecía persistir  aún la sospecha de novedad, emplea por entonces el Señor discretamete este lenguaje.
Como quiera, cuando le oímos llamar a ése mínimo en el reino de los cielos, no hay que entender otra cosa que el infierno y la condenación. Por reino, efectivamente, entiende el Señor no sólo la beatitud eterna, sino también el tiempo de la resurrección y su terrible advenimiento al final de los tiempos. A la verdad, ¿qué razón había para que quien llamó necio a su hermano y traspasó uno sólo de los mandamientos, caiga al infierno, y fuera en cambio admitido al reino de los cielos el que los infringió todos y hasta indujo a los otros a infringirlos? No dice eso el Señor, sino que el momento del juicio será mínimo, es decir, que será rechazado, que será el último. Y el último caerá entonces, infaliblemente, en el infierno. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 16, 4.

EL DESPRECIO DE LOS PRECEPTOS. Quien rechaza uno de los preceptos de la ley es rechazado delante de Dios como enemigo de Dios y legislador contra Dios. Y ahora recibe de la ley evangélica el castigo que la ley no había determinado antes. Por eso dice Cristo a continuación:"No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud". Lo que allí faltaba, aquí se ha completado. La ley dice: "En presencia del anciano permanecerás de pie" y "si ves caído bajo la carga del asno a tu enemigo, ayúdalo a levantarlo". Si alguno transgredía estos preceptos, la ley no determinaba ningún castigo. Completando Cristo la ley, dice que en el reino de Dios tal sujeto será despreciado. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 48.

5, 20    Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos

LAS FALTAS DEL MAESTRO CORROMPEN LA ENSEÑANZA. Critica a los fariseos, que, despreciando los mandatos de Dios, establecían sus propias tradiciones; su enseñanza al pueblo no les sirve para nada si destruyen, por poco que sea, un precepto de la Ley. Podemos entender también que la ciencia de un maestro, si éste es culpable de un pecado, aunque sea leve, le hace perder el rango más elevado. Es inútil enseñar una justicia a la cual destruye la menor falta. La perfecta bienaventuranza consiste en realizar con obras lo que enseñas con la palabra. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 5, 19.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 150-153
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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